Para la libertad

Como escribió el austriaco Franz Grillparzer, “Las cadenas de la esclavitud solamente atan las manos: es la mente lo que hace al hombre libre o esclavo”.
Esta semana me he encontrado con varias señales que invitan a reflexionar sobre el valor supremo de la libertad. En eurotalent nos estamos planteando cómo ayudar a que sean un éxito las celebraciones del bicentenario del 2 de mayo (el momento en que los españoles reconquistamos la libertad y creamos en Cádiz una Constitución que ha sido modelo para Europa). He comprobado que un amigo-hermano se siente libre de nuevo, tras sufrir el fracaso de una relación. Y hoy una de las personas que me son más cercanas me ha hablado de cómo ha recuperado a uno de sus parientes (con quien le unía una profunda amistad) apelando a que debe decidir por sí misma, y no estar atada a las decisiones de los demás.

Nunca hay que olvidar el sabio consejo de Alonso Quijano a su buen amigo: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida.” Lo hace cuando Sancho Panza ha gobernado la ínsula de Barataria, pero siendo incapaz de decidir por sí mismo.
Si me permitís ponerme un tanto poético, la libertad sólo conoce un límite: “La libertad es incompatible con el amor. Un amante es siempre un esclavo”, escribió la intelectual francesa Germaine de Stäel. Sólo ciertas emociones secuestran la voluntad con dulzura.

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