Gratitud

Ayer leí el libro Thanks! (¡Gracias!) del Dr. Robert Emmons. Emmons es uno de los pilares de la llamada Psicología positiva (el estudio de las emociones sanas y saludables), junto con Martin Seligman, Mihalyi Csikzentmihalyi y unos pocos más.

Robert Emmons reconoce que hasta hace muy poco la gratitud no había sido analizada por psicólogos científicos. En 1998, el autor fue invitado a dar una conferencia sobre “las fuentes clásicas de la fortaleza humana”: sabiduría, esperanza, amor, espiritualidad, gratitud y humildad. Aunque su primera opción fue humildad, ya estaba cogida y le tocó la gratitud. Tras esta presentación, inició una investigación sobre la gratitud junto con Michael McCullough, psicólogo de la universidad.

¿Cómo se define la “gratitud”? Cuando soy agradecido, me doy cuenta de que ha recibido un regalo, reconozco el valor del regalo y aprecio las intenciones del donante. El beneficio, don, regalo o ganancia puede ser material, emocional o espiritual. La palabra proviene del latín gratia (favor) y de gratus (grato).

La gratitud es más que un sentimiento. Es actitud, consciencia, reconocimiento, aprecio. Es una virtud. El filósofo Martin Heidegger decía “Denken ist Danken” (pensar es agradecer).

Emmons nos cuenta que gracia, gratis y gratitud van juntos. La gracia es un término teológico, entregado inmerecidamente (gratis) que se debe agradecer (gratitud). La gratitud es clave para la felicidad, que correlaciona con mayor productividad, calidad del trabajo, mejores relaciones sociales, más energía, actividad, fluidez, mejor sistema inmunológico, menor stress, etc.

En su investigación, Robert Emmons cita a Cicerón (“la gratitud no es sólo la mayor de las virtudes, sino la madre de todas las demás”), a Séneca (“la ingratitud es abominable”), a David Hume (“De todos los crímenes que las criaturas humanas son capaces de cometer, el más horrible y poco natural es la ingratitud”) y a Kant (“la ingratitud… es la esencia de la vileza”). Sin embargo, el autor reconoce que es difícil tratar el asunto de la ingratitud sin caer en el sentimentalismo o en la sermonización.

La gratitud es una elección consciente. Como clave de la felicidad, la influyen tres factores básicos (según Lyubomirsky, Sheldon & Schkade, 2005): las circunstancias (en un 10%), la actividad intencional (40%) y el llamado “punto de set” (50%, nuestra forma de ser: en una mitad, biológica y en la otra, fruto de la fortuna). La gratitud es el secreto de la vida, porque asociamos agradecido a “con paz”, contento, cálido, amigable, gozoso y desagradecido a estresado, quemado o resentido. El impacto de la gratitud en el bienestar físico y psicológico es más que notable.

“La vida es el primer regalo, el amor el segundo y el entendimiento el tercero”, escribió la poeta Marge Piercy. “Todos los bienes se ven mejor cuando se ven como regalos”, apuntó el prolífico Chesterton.

Los depresivos crónicos muestran mucha menos gratitud (casi un 50% menos). La gratitud puede servir además como muro de protección contra los mensajes ensidiosos. En términos de salud mental, el ratio entre emociones positivas y negativas es de 2’5:1 entre la gente normal. John Gottman apunta que en las parejas sanas debe situarse en 5:1. Cuando estamos agradecidos, cambia nuestra expresión facial y nuestro cuerpo. Y no olvidemos que el 75% de nuestra longevidad depende de factores psicológicos y de comportamiento. Según un estudio de la Clínica Mayo, las personas optimistas (aunque optimismo y gratitud no son lo mismo, están muy relacionados) tienen un 50% menos de sufrir muerte prematura que los pesimistas. Ser amable, apreciativo, tolerante, compasivo reduce en un 23% los niveles de cortisol (estrés) y eleva un 100% la hormona DHEA (relajación). En palabras de un escritor francés, “la gratitud es la memoria del corazón”. Todas las religiones y movimientos espirituales la ensalzan. En Estados Unidos hay un “día de acción de gracias” desde los peregrinos del Mayflower en 1620.

¿Cuáles son los principales obstáculos a la gratitud? La negatividad, la incapacidad para la interdependencia (quienes piensan que la gratitud es una emoción humillante), los conflictos psicológicos internos, el pensamiento de comparación (“no pierdas lo que tienes por desear lo que no posees; pues recuerda que lo que ahora tienes un día estuvo entre las cosas que sólo esperabas”, Epícteto), el victimismo, el sufrimiento. Si la gratitud es una emoción, la ingratitud es una acusación. Shakespeare escribió: “Odio la ingratitud más en un hombre que la mentira, la vanidad, el beber en exceso cualquier otro vicio que habita la sangre de mis semejantes”. Desde la perspectiva psicodinámica, hay cuatro motivos inconscientes para la ingratitud: el complejo de inferiordad, la sensación de deuda (por parte del otro), la distorsión neurótica en la mente del beneficiario y la falta de juicio en los motivos del benefactor. Citando de nuevo a Séneca, “ningún otro vicio es tan hostil a la armonía de la raza humana como la ingratitud”. Sin duda, la principal causa de ingratitud es el narcisismo.

Hans Seyle (1907-1982), el mayor experto mundial en stress, escribió que “de todas las emociones, hay una, en mayor medida que las demás, apunta la ausencia o presencia de stress en las relaciones humanas: el sentimiento de gratitud”.

La gratitud no sólo es imprescindible en los buenos momentos. Es aún más necesaria ante las dificultades. La psicóloga Barbara Fredrickson, de la Universidad de Michigan, analizó las emociones antes y después del 11-S. Sobre 20 emociones (positivas y negativas), la gratitud fue la 2ª más experimentada, sólo superada por la compasión. Aquellos con mayores niveles de emociones positivas tuvieron mayor resiliencia (el 72% sufrieron de síntomas de depresión clínicamente significativos). La gratitud y otras emociones positivas tuvieron un enorme efecto protector.

Dan McAdams, de la Universidad Northwestern, que junto a Henry Murray, Robert White, Eric Ericsson, David McClelland, Silvan Tomkins y otros se ha dedicado a la “personología (estudio de la persona en su contexto biográfico y cultural). Identifica “secuencias de redención” en la trayectoria vital de cada uno. En ellas hay sentimientos de gratitud y apreciación. Elie Wiesel, superviviente del holocausto, tiene escrito que “nadie es tan capaz de agradecer como quien ha emergido del reino de la noche”. Y añade: “este simple proceso tiene el poder de transformar tu vida. (…) Tu libertad comienza dando gracias por las pequeñas cosas –ganando coraje y fuerza para alcanzar las grandes”.

¿Cómo practicar la gratitud? El profesor Emmons sigue las etapas del modelo de cambio de James Prochaska (Universidad de Rhode Island), coherente con el modelo eurotalent de coaching: del pensamiento a la acción. El Top Ten de la gratitud es el siguiente:
1. Mantén un cuaderno de gratitud, con los momentos inspiradores que la merecen.
2. Recuerda lo malo.
3. Pregúntate tres cuestiones: lo que he recibido, lo que he dado y las dificultades que he causado.
4. Aprende oraciones de gratitud.
5. Atiende a tus sentidos.
6. Utiliza recordatorios visuales.
7. Haz pronunciamientos públicos de gratitud.
8. Analiza tu lenguaje (“el lenguaje determina la naturaleza y el contenido del pensamiento”, nos enseñó el lingüista Benjamin Lee Whorf en los años 30 del siglo pasado).
9. Utiliza expresiones faciales de gratitud.
10.Sé creativo (piensa “fuera de la caja”): agradece a quienes te dañan.

Hasta aquí el magnífico libro de Emmons, Thanks! (2007). Hay un disco de Tamara (la buena cantante, no la friky) que se llama precisamente así, Gracias. La principal canción del CD tiene esta letra:

Gracias,

Por haberte conocido
Por haberme sonreído,
Por mirarme, por hablarme
Gracias,
Por haberme amado tanto
Por tu risa y por tu llanto
Y por todas tus palabras
de amor
Tengo que darte las gracias
por estar cerca de mí
Y por las miles de cosas
que yo siento junto a ti
Gracias,
Por haberte conocido
Por que nunca me has mentido
Por que siempre me has querido
Amor
Tengo que darte las gracias
Por estar cerca de mí
Y por las miles de cosas
Que yo siento junto a ti
Gracias,
Por haberte conocido
Por que nunca me has mentido
Por que siempre me has querido
Amor
Y por las miles de cosas
que yo siento junto a ti
Gracias,
Por haberte conocido
Por que nunca me has mentido
Por quererme
Por hacerme…
Tan feliz.
Gracias a ti, [email protected] lector/a de este blog, por estar ahí.

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