Johnny Bunko y los absentistas

La selección española de fútbol, La Roja, le ha ganado a Chile por tres tantos a cero. En todo el 2008 (de hecho, en dos años y 28 partidos, desde el 15 de noviembre de 2006), nuestro equipo nacional no sabe lo que es la derrota. Una marcha triunfal. Con Del Bosque, desde el verano, seis victorias en seis partidos: 16 goles a favor y 1 en contra. En opinión de nuestro coach, “todo el mundo tiene interé por venir a la selección. Todos destilan una gran ambición por demostrar su valía”.
En muchas empresas ocurre más bien lo contrario. El absentismo ha alcanzado el 6%, dato que duplica la media de la Unión Europea. La fábrica de Delphi en Cádiz, que se cerró el año pasado, tenía un absentismo laboral del 11%, cuando el conjunto del sector de componentes de automoción rondaba el 4%.
En La Gaceta, Carmen Porras escribe hoy que “el nuevo presidente del Instituto de Empresa Familiar, Simón Pedro Barceló, ha pedido al ministro de Economía, Pedro Solbes, que convoque a los empresarios con el objetivo de buscar medidas que frenen la prolongada ausencia en el trabajo. Entre otros cambios, piden una mayor presencia de las mutuas en una necesaria reorganización del sistema de incapacidad laboral”. Y añade que “en su Informe de Productividad, el IEF propone la introducción de cláusulas que penalicen el absentismo en los convenios colectivos. Sugiere, asimismo, reducir en dos puntos la aportación a la Seguridad Social de las empresas que tengan niveles de absentismo menores al 1%. (…) Asimismo, solicita que las mutuas de trabajo se puedan encargar de financiar y gestionar las altas y bajas laborales para aquellas compañías con cifras superiores al 3%”. El mencionado artículo recoge los datos de la patronal Anfac, según la cual el 80% del absentismo está amparada en bajas médicas injustificadas. En 2007, se perdieron 6’7 millones de horas de trabajo, lo que supuso dejar de fabricar 272.000 vehículos”.
¿Qué provoca este absentismo? Carmen Porras cita “la falta de motivación y la insatisfacción laboral, que con frecuencia tienen su origen en los problemas para conciliar la vida laboral y familiar, en la poca flexibilidad horaria y en la insuficiente motivación en el lugar de trabajo”. El presidente del Consejo Superior de Cámaras, Javier Gómez Navarrro, propone que los trabajadores cobren menos su faltan al trabajo.
Me parece curioso demonizar a los profesionales de las empresas y no responsabilizar a quienes gestionan las mismas. Si a la selección española de fútbol quiere ir todo el mundo, incluso cuando están lesionados, “con gran ambición por demostrar su valía”, es porque se ha generado un clima de satisfacción, rendimiento y desarrollo que fomenta el compromiso individual y colectivo. A senso contrario, si hay empresas con tan altos índices de absentismo es porque la selección es poco profesional (u se ficha a “vagos y maleantes”) y/o porque la calidad directiva es deplorable. Así de simple. Pensar que lo van a arreglar las mutuas, penalizar a las empresas o tratar de “incrementar el salario líquido del trabajador” está simplemente desfasado.
Las empresas con mayor rotación, con mayor absentismo, con mayor absentismo emocional (y por tanto con peor productividad y competitividad, peor calidad de servicio, menor innovación) se lo merecen y punto. Si quieren mejorar, han de impulsar el liderazgo a todos los niveles. No hay otra forma.
Las empresas de “ordeno y mando”, de jefes tóxicos, de climas asfixiantes, de falta de motivación, cuentan con alto absentismo y baja productividad. No puede ser de otra manera.
He leído en el vuelo de San Sebastián a Madrid el último libro de Daniel Pink, el padre de la “era conceptual”: Las aventuras de Johnny Bunko. La única guía que necesitarás para tu futuro (Empresa Activa, 2008). En 2007, Daniel Pink obtuvo una beca para estudiar el éxito de la industria del manga, y de allí sacó la idea para este libro (que es un manga, ilustrado Rob Ten Pas, ganador del concurso de manga Tokyopop).
Es la historia de un joven, estancado en un trabajo aburrido, al que se le aparece un hada madrina. Ésta le enseña seis lecciones:
1. No hay plan, sólo decisiones por motivos instrumentales (un medio) o fundamentales (tus valores). Los triunfadores toman decisiones por razones fundamentales.
2. Concéntrate en tus talentos (los que te permiten “fluir”) y no en tus debilidades.
3. No se trata de ti (egoísmo), sino de servir al cliente.
4. Persevera. La persistencia aviva el talento.
5. Comete errores excelentes, de los que se puede aprender.
6. Deja huella: quienes verdaderamente triunfan son quienes sirven a algo más grande que ellos mismos.

Excelente contenido (el talento y cómo liberarlo); excelente formato (un cómic manga). Es el signo de los tiempos, y no el de penalizar a los absentistas.

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