Emprendedores difuntos: las siete caras de la Soberbia

1
de Noviembre, festividad de Todos los Santos. Hoy, tanto en España como en
México, es costumbre representar Don Juan
Tenorio
. En mi querido México, mañana día 2 se festeja el día de los fieles
difuntos. Los celtas instituyeron ese día en honor a Samhain, el dios de los
muertos. En la tradición bíblica, es una fecha para honrar a los fallecidos en
el Diluvio Universal.
Ya
que estamos hablando de difuntos (de emprendedores “difuntos”, cuyas empresas no
han sobrevivido, en este caso), la revista Emprendedores
del mes de noviembre lleva a su portada Las
20 decisiones más difíciles del emprendedor.
Un dossier elaborado por
Rafael Galán con los siguientes dilemas, en siete bloques:
A.
¿Tengo las ideas claras?
1. No
funciona, ¿otro modelo de negocio o tiro la toalla?
2.
¿Me arriesgo a dejar pasar esta oportunidad de negocio?
3.
¿Sería capaz de empezar otra vez desde cero?
B.
¿El cliente manda?
4.
¿Dejo que me apriete el cliente?
5.
¿Salgo de mi zona de confort?
6.
¿Me especializo en un nicho hasta las últimas consecuencias?
C.
¿Tomo posiciones?
7.
¿Mantengo mis precios a pesar de que mi sector los suba o lo baje?
8.
¿Me meto en el hueco que han dejado las grandes?
9.
¿Renunciamos a proyectos a medida para centrarnos en un producto?
D.
¿Y eso cuánto cuesta?
10.
¿Rechazamos a este inversor?
11.
¿Vendo una línea de negocio que funciona?
12.
¿Renunciamos a nuestros sueldos?
E.
¿Con qué cimientos?
13.
¿A quién contrato primero?
14.
¿Acepto las condiciones de los proveedores?
15.
¿Renunciamos al negocio familiar?
F.
Tu decisión afecta a personas
16.
¿Mantengo la plantilla aunque ganemos menos a corto plazo?
17.
Ruptura entre socios: ¿en qué condiciones?
18.
¿Renunciamos a repartir beneficios?
G.
Antes de arrancar
19.
¿Cuánto estoy dispuesto a arriesgar?
20.
En España no interesa mi idea de negocio, ¿sigo adelante?
Preguntas
muy interesantes. Como emprendedor en tres ocasiones a lo largo de los últimos
20 años (en las dos anteriores las empresas sobrevivieron cuando cambié de
actividad, y en la actual, IDEO, el proyecto lleva vivo más de cinco años), me
las he hecho y considero muy sano que nos las planteemos.
Si
no aciertas en ellas, es muy posible que tu negocio desparezca (se estima que
las compañías nacidas aquí y ahora no alcanzan los tres años en un 95%). Me han
recordado mucho a los Factores Clave de Fracaso presentados por Fernando Trías de Bes en su estupendo El libro negro del emprendedor, que son:
1.   
Emprender
con un motivo, pero sin una motivación.

2.   
No
tener carácter emprendedor.

3.   
No
ser un/a luchador/a.

4.   
Contar
con [email protected] cuando en realidad puedes prescindir de [email protected]
5.   
Escoger
[email protected] sin definir criterios de elección relevantes.

6.   
Ir
a partes iguales cuando no todo el mundo aporta lo mismo.

7.   
Falta
de confianza y comunicación con los socios.

8.   
Pensar
que de la idea depende el éxito.

9.   
Adentrarse
en sectores que no gustan o se desconocen.

10.Escoger sectores de actividad poco atractivos.

11.Hacer depender al negocio de las necesidades
familiares y ambiciones materiales.

12.Emprender si asumir el impacto que tendrá sobre
nuestro equilibrio vital.

13.Crear modelos de negocio que no dan beneficios
rápidamente y de modo sostenible.

14.Ser emprendedor y no empresario, y no retirarse a
tiempo. 
Y,
por supuesto, a las claves de Jim Collins en su libro Empresas que caen y por qué otras que sobreviven, del que escribí
en este blog el 2 de febrero del año pasado. Un modelo de “involución” en cinco
fases:
1.
La arrogancia (hibris, orgullo desmedido) nacida del éxito. Brilla la
arrogancia, se descuida lo principal, el “qué” sustituye al “por qué”, se deja
de aprender…
2.
La persecución indiscriminada del crecimiento. Se confunde lo grande y lo
excelente, saltos continuos e indisciplinados, el talento se desubica,
burocracia, sucesión problemática, intereses particulares por encima de los
generales.
3.
La negación del riesgo y del peligro. Se acentúa lo positivo y se oculta lo
negativo, objetivos temerarios, riesgos enormes, se externaliza la culpa,
distancia altiva.
4.
La búsqueda desesperada de la salvación. A través de soluciones mágicas, un
líder salvador, una revolución “a bombo y platillo”, decepción, confusión y
cinismo, reestructuraciones crónicas y erosión financiera.
5.
Capitulación: ser insignificante o morir. Cuando se pierde la esperanza, todo
se precipita hacia el final.
En
definitiva, lo que lleva a la destrucción es la Soberbia (“Satisfacción y
envanecimiento por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de
los demás”, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua), en sus
distintas caras:
1.
Soberbia en el Individualismo: Creer
que [email protected] puede [email protected], y no en tándem, en quinteto, en equipo. Elegir mal [email protected]
[email protected]
2.
Soberbia en la Ignorancia: Emprender
sin modelo de negocio o con un modelo de negocio que no sirve al cliente.
Improvisar es suicida.
3.
Soberbia en la Indolencia
(incapacidad de conmoverse, pereza): No ilusionarse, no luchar, no
comprometerse a tope. Sin pasión no hay triunfo.
4.
Soberbia en la Idea: Pensar que con
una “idea genial” basta. Emprender es cuestión de perseverar. Lo que se logra a
la primera se pierde a la primera.
5.
Soberbia en la Inercia: Dejarse
llevar por el éxito, sin adaptarse permanentemente a las necesidades y gustos
de los clientes. Emprender significa ser autocrí[email protected]
6.
Soberbia en la Insensibilidad hacia el
Talento
: Desconocer quién tiene la Capacidad y el Compromiso necesario en
cada rol. Elegir mal [email protected] compañ[email protected] de viaje. Depreciar el Talento por un mal
clima laboral, por falta de Liderazgo. 
7.
Soberbia en la Irresponsabilidad: No
sentirte plenamente responsable del proyecto en cada momento del ciclo (por
ejemplo, emprender de inicio no es lo mismo que consolidar la compañía). Dar
sentido y significado a cada paso.
Frente
a la Soberbia, la Humildad (virtud que parte del autoconocimiento de las
propias limitaciones y debilidades para actuar en consecuencia), que es la
clave de la supervivencia de cualquier proyecto: significa en la práctica
cambiar tan rápido o más que el entorno (la famosa ley de Revans).
Mi
agradecimiento a Rafael Galán, a Fernando Trías de Bes, a Jim Collins, y a los
emprendedores y emprendedoras ([email protected] ya sabéis quiénes sois), héroes y heroínas de nuestro tiempo. Son quienes
marcan la diferencia.   

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.