El discurso del (nuestro) Rey

Ayer, antes de la cena de nochebuena, estuve escuchando el discurso del
Rey Don Juan Carlos. Por primera vez, no lo hizo sentado, sino apoyado en la
mesa de su despacho. Un discurso muy apropiado para los tiempos que vive nuestro
país y el mundo entero.
Un discurso más compacto y estructurado que en ocasiones anteriores, que
giró en torno a tres conceptos (era conceptual): la intensidad de la crisis, la
capacidad de España para afrontarla y una noble de la política más allá de las
soluciones económicas.
“Buenas noches,
En esta Nochebuena, como cada año, quiero reflexionar con vosotros
sobre lo que nos preocupa y también sobre nuestras esperanzas.
En concreto, me gustaría referirme a tres asuntos: la crisis económica,
la fortaleza de España como nación europea e iberoamericana y la necesidad de
reivindicar la política como instrumento necesario para unir las fuerzas de
todos y acometer la salida de la crisis y los retos que tenemos por delante.
No creo exagerar si
digo que vivimos uno de los momentos más difíciles de la reciente historia de
España.
La grave crisis económica que atravesamos desde hace unos años ha
alcanzado una intensidad, una amplitud y una persistencia en el tiempo que
nadie imaginaba. Los ciudadanos sufren hoy su rigor, que está poniendo en
entredicho el bienestar de no pocas familias. Pienso en tantas personas de
todas las edades, pero muy especialmente en muchos jóvenes, que se levantan
cada día con sensación de inseguridad y desánimo por la difícil situación de
sus economías, la falta de trabajo y las inciertas perspectivas de futuro.
No podemos ignorar que existe pesimismo, y que sus efectos se dejan
sentir en la calidad del clima social que vivimos. Está además generando un
desapego hacia las instituciones y hacia la función política que a todos nos
preocupa.
Frente a este pesimismo, como frente al conformismo, cabe encontrar
nuevos modos y formas de hacer algunas cosas que reclaman una puesta al día.
La realidad actual es compleja y no siempre fácil de entender ni de
solucionar en el corto plazo. Austeridad y crecimiento deben ser
compatibles.
Las renuncias de hoy han de garantizar el bienestar de mañana,
en un plazo razonable de tiempo, de manera que se asegure la protección de
los derechos sociales que son seña de identidad de nuestra sociedad
desarrollada.
Para que nuestra economía vuelva a crecer tenemos que poner orden en
nuestras cuentas y, a la vez, generar estímulos para la creación de riqueza.
Hay estímulos que son creados por medidas de política económica o fiscal, o por
políticas de fomento de la innovación o el emprendimiento, pero el primer
estímulo que nos sacará de esta crisis se llama confianza.
A lo largo de los treinta y siete años de mi reinado hemos pasado por
varias coyunturas económicas realmente complicadas que los que tenemos ya
algunos años recordamos bien. Quizá no fueron tan difíciles como ésta pero en
cualquier caso fueron muy complicadas. Y sin embargo supimos salir de ellas con
éxito y hacer que nuestra economía creciera y que nuestro bienestar mejorara. Y
lo logramos por muchas razones pero en primer lugar porque teníamos
confianza en un proyecto compartido por todos y en nuestras posibilidades de
salir adelante.
Hoy como
entonces,  podremos superar las dificultades actuales con la generosidad,
el talento y la creatividad de nuestros hombres y mujeres y con la fortaleza de
nuestro sistema productivo si tenemos confianza en nosotros mismos y si somos
capaces de generarla también en las instancias y en los mercados
internacionales.
España es parte de la solución a la crisis global y debe ser protagonista
en la toma de decisiones en los grandes foros internacionales. Iberoamérica
es parte fundamental de nosotros, como también nosotros lo somos de ella. Lo
mismo acontece con Europa.
Con la Unión Europea tenemos que seguir
trabajando para superar las visiones puramente nacionales y reforzar las bases
de solidaridad con las que entre todos hemos avanzado en el proceso de
integración. Hemos de garantizar que nada de lo conseguido juntos, ni los
derechos individuales y sociales, ni el bienestar económico, ni el proceso de
construcción política y económica puedan verse amenazados.
Pero no todo es economía. Por muy evidente que sea, no es malo repetirlo:
no todo es economía. No ignoro que la política no vive hoy sus mejores
horas en la percepción de los ciudadanos. Por esta razón yo quisiera esta noche
reivindicar la política porque su papel es fundamental en la salida de la
crisis.
Quiero reivindicar la
política grande, esa que para destacar su dignidad y valor solemos llamar la
política con mayúsculas.
La que, desde el gobierno o desde la oposición, fija su atención en el
interés general y en el bienestar de los ciudadanos.
La que, lejos de provocar el enfrentamiento y desde el respeto a la diversidad,
integra lo común para sumar fuerzas, no para dividirlas.
La que sabe renunciar a una porción de lo suyo para ganar algo mayor y
mejor para todos.
La que busca el entendimiento y el acuerdo para encauzar y resolver los
grandes y fundamentales desafíos colectivos.
La que se cimenta en el espíritu de servicio y se acomoda a los
principios de la ética personal y social.
La que, en fin, es capaz de sacrificar la satisfacción del corto plazo, a
menudo efímero, para ensanchar el horizonte de sus ambiciones.
Esa fue la política grande que supo inaugurar una nueva y brillante etapa
integradora en nuestra historia reciente y es la única que tiene la capacidad
de reafirmar la confianza en nuestra gran nación, abrir nuevas puertas a la
esperanza y materializar ese anhelo de superación que está reclamando nuestra
sociedad.
Para conseguirlo, es necesario promover valores como el respeto mutuo
y la lealtad recíproca.
Son valores que hace más de tres décadas
contribuyeron a poner en pie un nuevo marco de convivencia, el reconocimiento
de nuestra pluralidad y el amparo de las diferentes lenguas, culturas e
instituciones de España. Es hora de que todos miremos hacia adelante y
hagamos lo posible por cerrar las heridas abiertas.
Será nuevamente un
éxito de todos, ciudadanos e instituciones, basado en el respeto a las leyes y
a los cauces democráticos.
La Corona es muy consciente del esfuerzo y el sacrificio que los
ciudadanos están llevando a cabo con entereza. Ningún esfuerzo en la vida es
baldío y tampoco lo serán los que se están haciendo ahora.
En este
contexto, quiero resaltar la actitud abnegada y leal de las familias y la
solidaridad de muchas organizaciones asistenciales que, con su ayuda, tanto
están contribuyendo a la estabilidad social. También, el sacrificio de todos
los españoles que dejan ahora nuestro país para conseguir mejores condiciones
de vida para ellos y sus familias. Su experiencia y preparación constituirán a
su regreso un importantísimo efecto dinamizador de nuestra economía.
La Navidad simboliza el
triunfo de la generosidad sobre el egoísmo.
Generosidad,
solidaridad y compromiso son valores que todos debemos  reconocer,
conservar y promover siempre y en estos tiempos más que nunca.
Feliz Navidad para todos y buenas noches.”
Quiero agradecer a la Corona, en la persona de nuestro Rey, estos 37 años
de democracia. Hicimos una transición modélica como país, y estoy seguro de
que, tras años de ingenuidad y un año de tristeza, en 2013 compartiremos un
modelo ilusionante, un proyecto de futuro en el que [email protected] animemos el hombro.   

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