La sociedad del cansancio y la ética erótica

Estos días de descanso he estado
leyendo bastante filosofía. Entre mis lecturas, ‘La sociedad del cansancio’, de
Byung-Chul Han y ‘Ética erótica’ de Javier Sádaba.
Buyng Chul-Han, de origen coreano,
estudió Filosofía en Friburgo y Literatura alemana y Teología en Múnich. Es
profesor de filosofía en Karlsruhe y ‘La sociedad del cansancio’ es su primera
obra traducida al castellano. La tesis es que “Prometeo está cansado”. Toda
época tiene sus enfermedades, y las de esta década del XXI no son virales sino
neuronales. El siglo pasado era una época inmunológica; la actual es de
depresión, TDHA, trastorno limite de personalidad o de síndroem de desgaste
ocupacional. Estamos en la “masificación de la positividad”. De la sociedad
disciplinaria de Foucault, hemos pasado a la “sociedad del rendimiento”. Por
eso produce depresivos y fracasados. El sujeto de rendimiento es dueño y
soberano de sí mismo. De ahí el aburrimiento profundo. El autor contrapone la
“vida activa” (Hannah Arendt) a la “vida contemplativa”. “La moderna pérdida de
creencias hace que la vida humana se convierta en algo efímero. La vida nunca
ha sido tan efímera como ahora”. La pérdida de la actividad contemplativa es
corresponsable de la histeria y el nerviosismo de la moderna sociedad activa.
Nietzsche proponía aprender a mirar,
a pensar, a hablar y a escribir. Claves de la vida contemplativa. “El exceso
del aumento de rendimiento provoca el infierno del alma”.
Javie Sádaba, vasco afincado en
Madrid, catedrático de Ética de la Universidad Autónoma (le recuerdo hablando
con José Antonio Marina en el “córner de los filósofos” durante el X
aniversario de Thinking Heads), acaba de publicar ‘Ética erótica’, un tratado
que reivindica la vida buena y la felicidad más allá del típico enunciado de
deberes (que ya da cierta pereza). El autor también cita a Hannah Arendt (la
banalidad del mal), a Nietzsche (la transformación de los valores).
La Ética erótica trata de la buena
música, de la amistad, del sexo y el amor. Es la erotización de la ética (al
esencia del ser humano es el deseo), un ideal en el que deseo y voluntad
cabalgan juntos. Una educación de la sensibilidad. Una ética de los valores
ciudadanos, civilizada. Del “carácter” (que, etimológicamente, significa estar
“grabado”, “marcado”). Una ética que reconoce la importancia de la imaginación
(“es uno de sus mejores aliados”, opina Sádaba).
Una ética de la sexualidad, del
erotismo y del humor. Ya sabes, el concepto de humor nace en Hipócrates (los
cuatro humores o estados de animo: sanguíneo, flemático, bilioso y melancólico).
La paradoja es la forma más intelectualizada de ejercitar el humor.
La ética erótica es una diferente
manera de sentir, de espíritu eutópico (buen lugar). Sádaba concluye: “Que la
ética, teórica y práctica, no se ocupe solo de lo que se debe hacer, sino de lo
que se puede hacer”.
Mi gratitud a Byung-Chul Han, a
Javier Sádaba y a los buenos filósofos (con Marina en la “pool position”) que
nos enseñan a contemplar, a observar, a reflexionar, a pensar y a vivir mejor.           

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