De Empresa a Ecosistema de Talento, de Clientes a Socios

Lunes de
reuniones internas y proyectos. Hoy nos ha visitado en la Talent Tower (Avda.
Burgos 18) Carmen Pellicer, presidenta de la Fundación Trilema y una de las
principales referencias de la Educación en España. Gracias, Carmen, por tu
extraordinaria labor. Siempre aprendemos mucho de ti. Y almuerzo en Bibo, el
restaurante de Dani García en la Castellana, a modo de celebración de los
logros y de la amistad.
De la
prensa de ayer, me quedo con el artículo de P. Clemente, L. Montes y E. Mallol
sobre el tercer Foro #somosmujerestech, en el que han intervenido Esther Gassull
(directora de la oficina de Accenture en Barcelona), María Serrano (Schneider
Electric), Laura Pérez (Cabify), Eloisa Alonso (Hill + Knowlton), Ester
Fernández (Cellnex Telecom) y Ana Izquierdo (Talentclue). “La empresa ya no es
una entidad autónoma integrada en una cadena de suministro vertical y con una
estructura compartimentalizada y jerarquizada. La revolución tecnológica obliga
a concebirla como un ecosistema, en el que proveedores, competencia, clientes y
empleados colaboran en la co-creación de productos y servicios dinamitando así
sus roles tradicionales”. “A veces es mejor colaborar que adquirir” (Esther
Gassull): en Accenture España tienen 400 start-ups innovando. “La mina de oro
de los datos obliga a plantear nuevos modelos de negocio” (María Serrano). “La
era digital afecta a las marcas y a cómo nos relacionamos como usuarios con
ellas, porque ya no es sólo qué ofrezco sino cómo conecto” (Laura Pérez). “El
mercado tiene que ser capaz de transformarse para cubrir las necesidades de los
clientes” (Ester Fernández). “La empresas tienen un propósito, que hay que
comunicar fuera” (Ana Izquierdo). “Debemos cruzar la barrera, hace converger la
economía tradicional con la nueva” (Eloisa Alonso). De producto a servicio (“en
la economía digital, todos los productos se convierten en servicio”, Genís
Roca), de empresa (con su cadena de valor y sus costes de transacción) a
ecosistema de talento (clientes, proveedores, empleados, alianzas, etc), de
clientes a socios… El planteamiento va más allá de un cambio terminológico; es
una transformación conceptual en toda regla.
Rosa
Montero cree que vivimos “en el salvaje Oeste”. “Hay algo en las redes que nos
emborracha de falsa impunidad porque, si no, no se entiende que haya tantos
cretinos que cuelgan sus crímenes”. Necedad y frenesí hasta en el cerebro más
templado. Internet está aún en la época del salvaje oeste (¿hará el Blockchain
de “sheriff”?, me pregunto).
‘¡Yo
quiero trabajar ahí!’, de Ramón Oliver. “Las compañías con un fuerte prestigio
como empleador son un destino prioritario para muchos profesionales”. Es que
“resulta difícil no enamorarse del tecnodiseño de Apple, de la omniscencia de
Google, de la osadía de Tesla o del poderío español de Inditex. Empezando por
sus propios empleados”. Ramón Oliver pregunta a Salvador Ibáñez, country manager
del Top Employers Institute: “La clave para que una compañía se convierta en
icónica es su capacidad para construir una marca de empleador auténtica y
consistente que sabe comunicar con éxito. Esta identidad está habitualmente
vinculada a la creatividad, a contar con un propósito apasionante y a los
entornos de aprendizaje acelerado”. Learnability. A los valores de atracción
tradicionales (Ramón mencionaba a los “arturitos”, los de Arthur Andersen) se
han sumado otros, como flexibilidad e innovación (Almudena Rodríguez Tarodo,
Employer Branding Academy). Se aconseja por el/la profesional una estrategia de
aproximación a la empresa soñada (Noelia de Lucas, Hays España), teniendo en
cuenta que esta ambición ayuda al candidato (Ricardo Bacchini, DRH de
Volkswagen-Audi).
Y el
maestro José Antonio Marina, con sus ‘Ideas’. La de ayer domingo, las
“simplificaciones peligrosas”. La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, considera
una hipersimplificación la desconexión tras el 1-O (si lo comparamos con el
Brexit). La reflexión de JAM me ha recordado la navaja de Ockham: “En igualdad
de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable”. Ahora bien,
no debe pasarse de simple. 

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