La Noria (Wonder Wheel) de Woody Allen. Cinco personajes en busca de su segunda curva

Jornada entre Castellón y Valencia, con sendos procesos de Coaching estratégico en la ciudad de la Plana (almuerzo en con el CEO de una gran multinacional industrial) y en la capital del Turia, en nuestras oficinas de Navarro Reverter. Mi gratitud a ambos directivos, que han hecho un hueco en estas fiestas navideñas.

Anoche fuimos a ver la nueva película de Woody Allen, ‘Wonder Wheel’ (La Noria), ambientada en un parque de atracciones de Coney Island, península en el extremo sur de Brooklyn, en los años 50. El narrador es Mickey, un joven y guapo estudiante de Literatura en NYU, socorrista de playa (Justin Timberlake) que mantiene un romance de verano con Ginny  un mujer casada (Kate Winsket) mayor que él, que trabaja de camarera en un bar de la feria. Ella vive con Humpty (James Belushi), un exalcohólico propenso al maltrato que cuida de “Los caballitos”, y con Richie (Jack Gore), hijo de su anterior matrimonio, al que le gusta el cine y encender fuegos. De repente aparece Carolina (Juno Temple), la hija de Humpty, huyendo de su marido gánster. El drama está servido.

Desde el punto de vista del Talento (“Talento, ¿para qué?”), podemos preguntarnos quiénes de estos cinco personajes tienen talento. Desde las cuatro dimensiones de la definición de José Antonio Marina (elegir bien las metas, manejar la información, gestionar emociones y practicar las virtudes de la acción), queda descartado. Es un nihilista que vivió tiempos mejores, le echaron de otras ferias por beber y ser violento, y no espera mucho más allá de la vida (su afición conocida es pescar con los amigos). Se deja llevar por su existencia. Ginny desea volver a ser actriz (esa es su meta), pero no hace gran cosa para ello. Las metas de Carolina y Richie son desconocidas. Sólo Mickey sueña con ser un nuevo Eugene O’Neill, un conocedor del alma humana, escritor de éxito, y por ello le fascinan las contradicciones femeninas.

¿Learnability (Aprendibilidad), la capacidad de seguir aprendiendo? Podemos apreciarla en Carolina, que atiende a la Escuela Nocturna desde que vive con su padre, y por supuesto en Michael. No en el resto, que no muestra curiosidad, no se actualiza en nada ni fomenta su pensamiento crítico. Especialmente, Ginny se victimiza (impresionante la actuación de Kate Winslet, merecedora de Óscar) porque fue infiel a su anterior marido y lo repite con el actual. Quiere sentirse deseada, se toma su trabajo como camarera como “un papel” y confunde su atracción por el “salvavidas” con un amor estable. Cuando aparece su hijastra, los celos la vuelven loca. No por casualidad, Mickey entrega el libro ‘Hamlet y Edipo’ de Ernst Jones (1910) a Carolina y las obras de Eugene O’Neill, Premio Nobel de Literatura (1888-1953) a Ginny.

Sobre las emociones, nos debatimos entre la tendencia a ser violento (a usar la correa con su hijastro, a amenazar a su esposa) de Humpty, la montaña rusa de Ginny, el pasotismo de Richie (cansado de las lamentaciones de su madre) y la candidez (a veces impostada) de Carolina y Mickey. Redordemos que en Coney Island estaba la máquina del mago Zolthar en ‘Big’. Tom Hanks le pedía convertirse en mayor; el deseo se cumplió.

Esta estupenda película me ha recordado a Charles Handy y su concepto de “Segunda curva” (traté su libro en este Blog, 5 de abril de 2015): “Siempre hay trabajo que hacer, una segunda curva esperando a ser inventada”. Según mi querido y admirado Carlos Herreros, el principal mensaje de la “segunda curva” es qyue para progresar en muchas áreas de la vida a veces hay que cambiar radicalmente. El problema es la complacencia: es más fácil embarcarnos cuando se atisba el horizonte, más difícil cuando se agotan el tiempo y los recursos. A los cinco personajes en busca de una nueva vida les falta verdadera acción (efectivamente, a unos más y a otros menos). Si se dedicaran menos a lamentarse y más a lo que Fernando Botella llama “Factor H” (a Hacer), otro gallo cantaría. Este parque de atracciones tan poco atractivo es una metáfora de las sociedades fracturadas de nuestro tiempo.

A sus 81 años, Woody Allen nos regala un drama à la Tenesse Williams, con un paraíso perdido (Coney Island en los 50) y una Kate Winslet al nivel interpretativo de Barbara Stanwick. Una cinta imprescindible para estas fechas.

La banda sonora, típica de Allen:

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