Ética humana, un ibro impresionante de Jorge Úbeda

Plenamente satisfecho de mi reunión en Mechelen (Malinas, Bélgica) con [email protected] [email protected] de CSR Europe sobre las nuevas tendencias para promover la Responsabilidad Social Corporativa en la Unión Europea, y con la cena posterior, en la que hablamos de temas sumamente interesantes.  Gracias, Montse y Raúl, por esta iniciativa tan especial con [email protected] [email protected] de varias de las principales empresas de Europa.

Ayer por la mañana en el Relay de la T4, antes del vuelo a Bruselas, encontré un ensayo que me llamó la atención: ‘’Etica humana’, de Jorge Úbeda. Doctor en Filosofía, el autor ha sido profesor de ESO, de Bachillerato y en la UCM.  Cofundador y director académico de la Escuela de Filosofía y Director de la Fundación Promaestro, además de colaborar con Centros Penitenciarios y con la fundación Solidarios con el Desarrollo. Casado y padre de tres hijos (Ana, Irene y Miguel).

‘Etica humana’ me parece uno de los mejores libros que he leído sobre el tema, en la mejor tradición de José Antonio Marina, Fernando Savater, Adela Cortina o Javier Gomá. Impresionante.

El prólogo de Josep María Esquirol nos da una idea de profundidad y amenidad del mismo. La ética como “buena vida”, como “cuidado del alma, cuidado del sí” (Sócrates). Más importante que la transmisión de conocimientos, mover a la reflexión. De la libertad a la atención, al poder, a la admiración, para acabar en la responsabilidad. “Cuando los decorados de lo banal desparacen, sólo queda lo que de veras cuenta. Lo único que de veras cuenta. El cuidar y curar a los otros, y el sentirte cuidado y curado por ellos. La amistad forma parte de esto que queda”. Una virtud aristotélica.

Partiendo de una salutación personal (Jorge Úbeda califica la ética como “humana” porque une inteligencia y corazón y porque sería inhumana si disculpara lo indisculpable, no comprendiera la fragilidad de cada persona y desanimara para la responsabilidad por el otro y la entrega a él. “La ética es antes vida que reflexión”), el autor construye su propuesta ética cimentada sobre siete pilares:

  1. La libertad.“Cuando nos ocupamos de la ética no nos centramos en la libertad sino en qué puedo, quiero y debo hacer con ella”. En la adolescencia, “elijo ser libre o seguir siendo niño; se acabó el juego”. “Nos sabemos libres y nos vivimos como dueños de nuestro presente”. “¿Qué hago conmigo? es la gran pregunta de la ética”. “La ética es cosa de adultos que empiezan a serlo”. Este capítulo me ha hecho pensar en el daño que infringe el paternalismo en las empresas; tratar a [email protected] profesionales “como niños”, decidiendo todo por [email protected], supone un coste (de oportunidad) enorme y es devastador para la ética.
  2. Soy mis amores. El fraile franciscano Salimbene de Parma relató en el siglo XII que el emperador Federico II quiso comprobar cuál era la lengua de Dios, para lo que dejó a unos bebés alimentados pero sin contacto. “Pero se afanó en vano, porque los infantes murieron todos” (un servidor incluyó este relato enLa sensación de fluidez). También pone el ejemplo del “niño salvaje” de la película de Truffaut; el Dr. Itard le salvó y le hizo recuperar las relaciones y el amor. “No podemos hablar de libertad sin hablar de dependencias”. Relaciones afectivas que se despliegan en cuidado, educación y alteridad. Desde la vulnerabilidad, “cuidar y amar es también reconocer un espacio y un tiempo  para desplegar la propia vida (…) Cuidar, amar y confiar son tres verbos que se conjugan al mismo tiempo”. Sí, “la savia de nuestra vida es el amor y en el corazón del amor está el cuidado: el que damos y el que recibimos”. Educación: un cultivo adecuado de nuestra autonomía fuera de las fornteras del cuidado familiar. Alteridad: “amar y trabajar es entrar en relación con los demás”. La vida social como encuentro y desencuentro de intereses, valores, razones y expectativas que se condicionan mutuamente. “Nuestra libertad se forma gracias a nuestras relaciones”.
  3. Soy mi carácter.Jorge parte del tema ‘A quién le importa’ (1986) de Alaska y Dinarama. “Mi felicidad depende de lo que soy, de mi carácter, y mi carácter es algo que puedo decidir”. El carácter como “disposición habitual a actuar” (Aristóteles), como “segunda naturaleza”. Más allá de la herencia biológica, fruto del aprendizaje. Actuamos conforme a fines (eligiendo medios para alcanzarlos), somos buscadores de felicidad (que es el corazón de la ética). “No somos felices, nos reconocen felices”. Como ejemplo, la novela ‘Nosotros’, de Yevgueni Zamiatin, que presenta una sociedad totalmente colectivizada en el que las personas no tienen nombre sino número. Todos son “felices” hasta que uno se enamora y descubre su singularidad. Nuestro carácter es nuestro destino (afortunadamente, el carácter no es inmutable, se moldea) y “sin virtud no hay felicidad”. Somos lo que somos y que lo que queremos llegar a ser.
  4. ¿He de ser justo?Jorge Úbeda parte de un recuerdo de infancia (comer pollo asado en familia) para hablarnos de la necesidad de reparto (los recursos son limitados), de la justicia (que tiene que ver, sobre todo, con la igualdad). Hacer justicia es cuestión de cabeza y corazón. Una cuestión intelectual y cordial; cuando no ocurre (en las empresas lo solemos llamar “falta de meritocracia”) da lugar a la indignación. “La capacidad para indignarse es una de las pruebas del algodón del estado de nuestro temple ético”. La ética es cuestión de libertad, amor, felicidad y justicia. Casi nada.
  5. ¿Debo no hacer daño?El autor nos presenta un dilema ético: una pareja se plantea si interrumpir voluntariamente el embarazo en un caso de síndrome de Down. Del querer y el poder al deber. Desde Kant, el deber es el protagonista de la ética moderna. “El límite al poder proviene del daño posible que podamos infringir a otro, o incluso a nosotros mismos”. “Nuestra sensibilidad al dolor propio y ajeno es crucial para asumir nuestro destino ético”. El profesor Úbeda no cree que los humanos seamos éticos por naturaleza (un servidor, tampoco); es una hermosa esperanza.
  6. ¿Debo pensar para hacer el bien?Una vida ética es una vida con criterios (razonamientos que solemos llamar valores). “Una vida sin examen no es digna de ser vivida” (Sócrates). Como ejemplo, la situación medioambiental  (Hans Jonas). La reflexión es difícil por la complejidad, la pluralidad social y valorativa, el cambio acelerado y la ausencia de un conocimiento ético. “Debemos pensar y hacerlo bien, para poder hacer el bien y llevar una vida ética a la altura de nuestra inteligencia”.
  7. Soy responsable.“Hacerse ético significa despertarse, descubrir y responder. Un descubrimiento ético con dos dimensiones: libertad propia y de los demás. Hacerse ético es asumir la responsabilidad como el destino de la libertad. “Ser responsable es estar activo y dirigido hacia fuera de uno mismo”. Estar disponible, tomarse tiempo, hacerse cargo de las consecuencias, denunciar el daño a otros, aceptar la ignorancia y la incertidumbre humanas. Porque la vida ética es una aventura.

Gran libro. Mi gratitud y admiración al profesor Jorge Úbeda. Como tuve el honor de decir ayer ante el Board de CSR Europe, la ética ha de ser una de las grandes tendencias del empleo.

Me siento muy orgulloso de pertenecer a una empresa certificada como ética por Etisphere. Creo que siempre se puede ir más allá, y analizar estos siete pilares: Libertad, Relaciones, Desarrollo, Equidad, Dignidad Reflexión y Responsabilidad. Con su DAFO y su Plan de Acción. Te invito a hacerlo.

Mientras leía este maravilloso libro en el vuelo de Iberia, he estado escuchando a Barbra Streisand, una de mis cantantes favoritas. De entre sus temas, quisiera destacar ‘Where do you start?’:

“Where do you start?/ How do you separate the present from the past?/ How do you deal with all the thing you thought would last?/ That didn’t last/ With bits of memories scattered here and there/ I look around and don’t know where to start”

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