El miedo y otros obstáculos emocionales para emprender

Jornada primaveral en Burgos, con el CEO de una gran empresa industrial española, en uno de los sectores más competitivos e innovadoras. Un gran ejecutivo embarcado en la Transformación (Digital) Cultural a través de su Modelo de Liderazgo Propio, un proyecto ambicioso e imprescindible para el crecimiento rentable, eficiente, innovador, productivo y por la sostenibilidad. Burgos es una ciudad que me trae maravillosos recuerdos (hace 10 años, trabajando en Coaching Estratégico y de Equipos para Caja Burgos, hoy CaixaBank), bellísimos edificios como la Casa del Cordón y que ofrece magníficos ejemplos de la cocina castellana como Ojeda. Mi gratitud al CEO en cuestión, al que después de tantos años considero amigo, y a todo su equipo directo.
En el tren, he estado leyendo el último número de la revista ‘Emprendedores’, que dirige Alejandro Vesga. Artículo de portada: ‘Obstáculos emocionales del emprendedor’. Dossier de Isabel García Méndez con los 22 frenos emocionales más habituales:
1. Desánimo
2. Ansiedad/estrés
3. Soledad
4. Inmadurez/inexperiencia
5. Vértigo
6. Preocupación
7. Pánico
8. Miedo al cambio y a salir del área de confort
9. Incertidumbre y aversión al riesgo
10. Intolerancia al error
11. Negatividad propia y ajena
12. Inseguridad e indecisión
13. Decepción
14. Culpa
15. Miedo y sensación de fracaso
16. Impaciencia y frustración
17. Desmotivación
18. Euforia
19. Angustia
20. Vergüenza e incomprensión
21. Abandono y traición
22. Ira e irritabilidad
“El primer gran obstáculo de los emprendedores es su propio techo de cristal” (Manuel Fernández Jaria). Como bien recoge Isabel en este Dossier, a emprender se aprende, es un trabajo en sí mismo, no debemos tomarlo como algo personal ni la empresa como un hijo, por lo que es esencial desengacharte de tus ideas. Gracias, Isabel, por estos artículos.

Emociones de carácter universal (de corta duración, observables en la comunicación no verbal, especialmente en el rostro) que responden a un estímulo y son de corta duración. Paul Ekman, el mayor experto mundial en el tema (asesor científico de la serie ‘Lie to Me’, que podemos disfrutar en Netflix) nos ha enseñado, a partir de Darwin, que las emociones que llamamos “negativas” (miedo, ira, asco, tristeza, vergüenza, bochorno, celos, desprecio) son tan necesarias y valiosas como las positivas (alegría, sorpresa cuando es positiva). Estos 22 obstáculos emocionales son tanto emociones (miedo, ira, vergüenza) como consecuencias de las mismas (decepción, desmotivación, abandono), estados de ánimo (pánico, ansiedad, desánimo), circunstancias (soledad, inexperiencia, preocupación), elementos culturales (aversión al riego, intolerancia al error, miedo al cambio) y del carácter (negatividad, inseguridad, culpa).

Quisiera destacar dos obstáculos emocionales especialmente. De una parte, el vértigo, cuando individual o colectiva crees que no mereces ganar. El vértigo emocional es tan paralizante como el físico (ligado al equilibrio, en el oído interno). La Roja, la selección española de fútbol, sufrió hasta 2008 de “mala suerte”, que no era otra cosa que vértigo. Y lo superó gracias al triple liderazgo de los entrenadores (Luis Aragonés, Vicente del Bosque), los capitanes (Iker, Puyol, Xavi), otros líderes (Reina) y la inigualable labor de comunicación de Jorge Carretero (portavoz durante 18 años), que ha pedido a la UNESCO que el fútbol sea considerado “bien de interés cultural” por su carácter integrador y solidario.
De otro lado, la euforia. Parte de la alegría, como emoción positiva, pero significa perderle el respeto a la competición. Jim Collins, el que fuera profesor de Stanford, analizó las causas por las que las organizaciones fracasaban y Acemoglu y Robinson lo propio respecto a los países (lo comenté en este Blog el 21 de agosto de 2012). “La clave es la meritocracia frente al nepotismo, el sentido frente a laarbitrariedad, la equidad frente a la desigualdad salvaje… Las empresas sobreviven porque son sistemas abiertos que aprenden rápido e incorporan el talento que quieren y necesitan; y fracasan, desaparecen, cuando se dejan llevar por la soberbia (soberbia es, por ejemplo, promueven no en función de un perfil de talento claro, difundido y entendido sino de su “olfato”, o cuando dedican a la formación y al desarrollo del liderazgo menos que sus rivales)”. Cuando la empresa, por su propio éxito, deja de ser una institución inclusiva (meritocrática) y se convierte en exclusiva (unos pocos se aprovechan), cava su propia fosa.
El Liderazgo, como el Emprendimiento, en más de un 90% es pura inteligencia emocional, la gestión de las emociones propias y de los demás. Por eso el Coaching es insustituible (e imprescindible) para el desarrollo del Liderazgo.
Rescato del espléndido Blog de Marta Grañó (martagranyo.com), referencia en iniciativa emprendedora, su artículo ‘Debemos ampliar el concepto de emprender’, en el que cita a Xavier Marcet y su texto en La Vanguardia ‘Contra la arrogancia corporativa’ (www.xaviermarcet.com/2016/08/contra-la-arrogancia-corporativa.html): “Malos tiempos para la arrogancia. El cementerio de empresas está lleno de compañías que lo hicieron todo perfecto hasta el último día, pero se olvidaron de lo más importante: los clientes cambian sin pedir permiso y cada vez tienen poder. Ya no son las empresas las que están en el centro del tablero, son los clientes que con sus móviles en la mano toman decisiones con toda la información que quieren. Y en este contexto, tener capacidad de adaptarse, de aprender rápido, de colaborar con otros con agilidad es cada vez más importante”.
La agilidad, más allá de la retórica cínica, no casa bien con la microgestión, la búsqueda del control absoluto, la tiranía y los cuellos de botella, porque no permite aprender/emprender/comprender/sorprender al ritmo requerido.
Gracias, Marta, Xavier, Paul, Jim, Daron, James por enseñarnos tanto.

La canción de hoy, ‘Que lo nuestro se quede nuestro’ del mexicano Carlos Rivera:

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