Paul Ekman, las emociones y el fundador de Netflix

Hoy ha llegado a Madrid, procedente de Venezuela y con escala de unos días en Barcelona, mi amigo (“hermano del alma”) Nelson Ríos. Es una de las personas que más sabe en la práctica de Universidades Corporativas del mundo (en 2000, cuando era el ejecutivo a cargo en PedeVesa, la empresa recibió el galardón a la mejor CorpUniversity del planeta) y además “saborea las alegrías de la vida”, como diría Sonja Lyubormirsy respecto a las 12 actividades deliberadas para la Felicidad. Hemos almorzado con Zoe en Zarauz (un restaurante que adora), tomado café por la Castellana y visto juntos el partido de semifinales de Champions entre el Real Madrid y el Bayern de Múnich. Mi gratitud a Nelson y a todas aquellas grandes personas para quienes la amistad es un valor seguro.

He estado leyendo el volumen de ‘Comprende la psicología’ correspondiente a Paul Ekman: las emociones y las expresiones. En la introducción, Anna Giardini nos recuerda que Paul Ekman es uno de los expertos que más ha profundizado en el estudio de las emociones, que las define como “mecanismos adaptables que la persona utiliza para interactuar mejor con el entorno que le rodea”. A través de la investigación, Ekman y su equipo han analizado cómo controlarlas y gobernarlas, así como el estudio de las expresiones faciales.
Paul Ekman nació el 15 de febrero de 1934 en Washington D.C., en el seno de una familia judía. Su padre era pediatra al servicio de las Fuerzas Armadas; su madre, abogada, sufría trastorno bipolar y en 1948, en medio de una crisis, se suicidó. Estudió Psicología, primero en la Universidad de Chicago y después en NYU, donde se licenció en 1954. Fue contratado en el National Institute of Mental Health, se alistó en el ejército (1958) como teniente psicólogo en New Jersey y empezó a trabajar con el eminente George Bateson (Palo Alto) cuya esposa era la antropóloga Margaret Mead. En 1967-1968 viajó a Papúa-Nueva Guinea para estudiar las expresiones faciales en otras culturas. Presentó sus estudios a su mentor Silvan Tomkins (precursor del análisis del lenguaje corporal). En 1978, con Wallace Friesen, publicó FACS (Facial Action Coding System) y cinco años más tarde, su texto más conocido, ‘Cómo detectar mentiras’ (1983). Hasta 2004, dio clases en UCSF (Universidad de California en San Francisco) y fundó el Paul Elkman Group, que ha trabajado con la CIA, el FBI, Scotland Yard, etc. En 2001 colaboró con la serie de la BBC The Human Face y en 2015 con la película de Pixar Inside Out (Del revés). Es uno de los 15 psicólogos más influyentes del siglo XXI (Archives of Scientific Psychology).
Sobre su pensamiento, Paul Ekman ha esclarecido si las emociones son universales (como creían Darwin y Silvan Tomkins) o puramente culturales (como pensaban Bateson y Margaret Mead). Las emociones básicas o universales son el miedo, la ira, la tristeza, el asco, la alegría y la sorpresa. Son primarias por sus señales, aparición precoz, indispensables para la adaptación, presentes en otros primates, com fisiología diferenciada, antecedentes (lo que ocurre antes de la emoción), de corta duración, surgen rápidamente y dependen de una evaluación cognitiva automática (no requieren de introspección ni autoconciencia). El FACS es un “atlas” del rostro humano: “El ser humano es más fiable que el software en la codificación e interpretación del comportamiento humano”. El atlas de las emociones puede encontrarse en su página web (paulekman.com)
Los “evaluadores automáticos” son las emociones repentinas para gestionar una situación. Hay 8 recorridos por los que aparecen las emociones, lo que nos permite gobernarlas:
– Evaluación reflexiva.
– Recuerdo de una emoción en el pasado.
– Imaginación.
– Experiencias emocionales del pasado.
– Empatía.
– Sugerencia de la figura de referencia.
– Violación de las reglas.
– Reproducción de las expresiones correspondientes.
Para gestionar las emociones, primero hay un “periodo refractario”, en el que la emoción anula otras informaciones (hemos de ser conscientes de ello). El humor, aunque también pertenece al mundo interior (como las emociones), es menos breve. Hay humor irritable, desdeñoso, irónico, aprensivo… Al humor (estado de ánimo) no le corresponde una expresión. Hay emociones funcionales (nos permiten reaccionar de una manera adecuada) y disfuncionales (intensidad equivocada, manera equivocada o emoción equivocada).
Son por tanto emociones universales:
– la tristeza (impotencia)/tormento (rebelión), que va en grados de intensidad desde la desilusión a la angustia, pasando por el desánimo, el trastorno, la resignación, la impotencia, el abatimiento, la infelicidad, la desesperación, el dolor y el duelo. Cuando las personas estamos tristes, lo ocultamos, lloramos, protestamos, rumiamos, buscamos ayuda o nos alejamos. Las señales están en las cejas, boca, mejilla y ojos.
– la ira, con distintos grados de intensidad, desde la irritación a la furia, pasando por la frustración, la exasperación, la tendencia a polemizar, el rencor y el deseo de venganza. Cuando nos irritamos, discutimos, reaccionamos de forma pasiva-agresiva, insultamos, peleamos, gritamos, guardamos resentimiento, sentimos odio, suprimimos, usamos la fuerza física o debilitamos al otro. Las señales están en cejas y ojos, boca y fosas nasales.
– el miedo, que va desde la aprensión al terror, pasando por la agitación, el nerviosismo, la ansiedad, el temor, la desesperación, el pánico y el horror, y sobre el que nos protegemos con evitación, bloqueo, titubeo, rumia (pensamiento crítico, negativo y recurrente), rumiación, grito, alejamiento e ira.
– el asco, desde el desagrado al horror, pasando por la aversión, la náusea, la repugnancia, la repulsión y el aborrecimiento. Las señales están en cejas, ojos y boca.
– la alegría, que va desde el placer sensorial a la felicidad, pasando por el regocijo, la compasión, la diversión, la satisfacción, la excitación, el alivio, el orgullo, la euforia, la “naches” (orgullo de pertenencia, en yiddish), la maravilla, el entusiasmo y el éxtasis. Las acciones vinculadas a la alegría son exclamar, compartir, regocijarse, abandonarse, mantener, saborear, buscar, alejarse. Su trastorno mental es la “anhedonia” (ausencia total de emociones agradables).
– la sorpresa es la emoción más breve, se detecta en cejas y ojos (que se elevan al mismo tiempo, formando arrugas en la frente) y boca (con la “mandíbula que cae”). La sorpresa puede predecir al miedo.

En otro orden de cosas, he estado leyendo un par de entrevistas a Reed Hastings, el fundador de Netflix. En Retina (portada) le llaman “el mago”, por convertirse en el personaje más poderoso de la industria audiovisual (125 M de suscriptores). Fundada en 1997 como videoclub online, “nuestra agenda es que la gente sea feliz”. Silicon Valley ha tomado Hollywood.
M. Prieto, desde Roma para Expansión (30-abril-2018) entrevista a Reed Hastings como CEO de Netflix: “Nuestra base de clientes es aun pequeña en comparación con Youtube o Facebook”. Con un ebitda del 10% y una previsión de facturación de 100 M € en los próximos tres años, el modelo de suscripción a un servidor le encanta.
Por cierto, estoy siguiendo en Netflix, como sabes, ‘Lie To Me’ (tres temporadas), cuyo asesor fue precisamente Paul Ekman. El protagonista, Carl Lightman (interpretado por Tim Roth), se dedica a detectar mentiras porque su madre se suicidó, ha trabajado en el ejército y su Grupo trabaja con el FBI y la CIA. 40 episodios en tres temporadas que son un Máster en análisis y gestión de las emociones. Ya sabes que la inteligencia emocional es el 90% del Liderazgo.

La canción de este día internacional del empleo es ‘Feelings’ (1975), en la versión de Andy Williams

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“Feelings, nothing more than feelings, trying to forget my feelings of love”

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