Excelencia u Obsolescencia. Grandes diferencias entre esta triste España y la que ganó el Mundial

Jornada en Madrid de inicio de mes y de semana. Reunión interna de Right Management, almuerzo con la Asociación de Mujeres y cena estival con coaches.

Ayer en el Mundial, la debacle esperada. Guillem Balagué, uno de los periodistas deportivos que más admiro, lo dejó claro al término del partido España-Rusia: “Este equipo nunca creyó en sí mismo”. Tras el funesto partido contra Marruecos (fue un milagro el empate y la clasificación como primeros de grupo), podíamos pensar que la autocrítica de nuestra selección sería real. No fue así. No hubo propósito de enmienda, desde la portería al ataque. El seleccionador de circunstancias no se atrevió a transformar a su conjunto. El mismo planteamiento lamentable y a casa.
En términos de Learnability (Aprendibilidad, capacidad de aprender), creo que hay diez aspectos sobre los que deberíamos tomar nota, para La Roja y para nuestras empresas y nuestras vidas:
1. Como no hay equipo sin líder ni líder sin equipo, hemos echado de menos el Liderazgo integrador de los capitanes, de Iker Casillas, Xavi Hernández y Carles Puyol. En esta ocasión ninguno de los “pesos pesados” del vestuario influyó como debía.
2. Un equipo ganador debe tener un portero de garantías, como San Iker. Lo de De Gea no se sostiene desde los KPIs (indicadores clave de desempeño): una parada, no precisamente de reflejos, y seis goles encajados (el peor dato de un portero desde que se recogen), amén de que en la tanda de penaltis contra Rusia no paró ni uno (se lanzaba antes de que el rival chutara). Un cancerbero así genera una enorme falta de confianza en su defensa, y el resto de opciones (Kepa, Reina) no han jugado ni un minuto.
3. El “águila bicéfala” Puyol-Piqué, que tan bien defendía y marcó el gol de semifinales ante Alemania en 2010, se ha echado a faltar. En el ciclo 2008-2012, 19 partidos, 6 goles en contra y 13 veces la portería a cero. De 2014 a 2011, 11 encuentros y 17 tantos encajados. Una defensa que no ha respondido ante selecciones que no eran precisamente las favoritas, con errores garrafales como el penalti de Piqué contra Rusia o el desencuentro entre Ramos e Iniesta contra Marruecos.
4. Seamos sinceros: Andrés Iniesta 2010 (con 26 años) no tiene mucho que ver con el Iniesta, tras los homenajes, de 2018 (con 34 años). Ni el de Fuentealbilla ni Silva ni Carvajal estaban en forma. Los años no pasan en balde y el tiki-taka se ha convertido, con todo respeto, en taka-taka. Un equipo sin iniciativa, sin ideas, sin ocasiones, sin propuestas.
5. Diego Costa, desasistido, perdido en el ataque, sin conexión con el resto del ataque, si es que hubo ataque. Iago Aspas y Rodrigo aparecieron como Quijotes para tratar de salvar el desaguisado.
6. Sergio Busquets y Silva, supuestamente el eje de España que había creado Lopetegui, estaban fundidos. Totalmente faltos de forma en este Mundial, como era notorio.
7. En el partido contra Rusia, 1.114 pases (récord de los Mundiales) y una posesión desmesurada (72%) para jugar andando, sin profundidad, sin desmarques, sin brío. Se venía venir. España no ha jugado a nada y ha sido tan predecible que bastaba con que los rivales se situaran tras el balón y esperaran a que cometieran errores para salir al contraataque.
8. Desde el punto de vista de la comunicación, de unir a un país con su selección, también se ha echado a faltar una figura como la de Jorge Carretero, durante 18 años portavoz de la RFEF. En Sudáfrica 2010 jugó un papel muy relevante para comunicar la ilusión por la selección, en ambas direcciones, dando ejemplo. Sin él, la selección ha mostrado ramplonería y aburrimiento, recibiendo críticas que no han sabido aceptar ni asumir. Letargo en el campo y fuera de él.
9. Al seleccionador (fueran Fernando Hierro por circunstancias o, antes de la espantada, Julen Lopetegui) les faltó la seniority de Luis Aragonés o de Vicente del Bosque. Estas estrellas, que deben demostrarlo en el terreno de juego, necesitan de coaches con predicamento.
10. Como decía Napoleón, “de lo sublime a lo ridículo sólo hay un paso”. Todavía hemos escuchado a Hierro decir que su equipo no ha perdido ningún partido (si se juega a “no perder”, se suele perder hasta la dignidad). Cuando falta propósito, identidad, saber a qué juega el equipo, el resultado es así de lamentable. En el ranking FIFA de mayo 2018 España está en el nº 10; el próximo 19 de julio, que se publica la actualización, no creo que esté entre los 16 primeros.
Como dice José Antonio Marina, “dejemos el pesimismo para tiempos mejores”. La Federación debe reinventarse, con un presidente que lidere de verdad, un portavoz de prestigio y experiencia, un seleccionador senior, un director deportivo potente y “hombres, no nombres” sobre el césped.

Este Mundial 2018 es de otros: de Francia y Uruguay, de Croacia, de Bélgica, de México, tal vez de Inglaterra o Brasil. De auténticos equipos, con identidad, con liderazgo, con ganas, con compromiso real.
¿Podemos aprender en cabeza ajena? Ojalá. Podemos aprender sobre la necesidad de compromiso, de liderazgo, de equipo de verdad, de potencial para que las estrellas no caduquen, de conexión, de saber a qué jugamos, de auténtico mestizaje y de actualizar el éxito para que no se convierta en fracaso (porque el entorno cambia a toda velocidad). Son maravillosas palabras que hay que convertir en hábitos, porque los resultados son la consecuencia. En caso contrario, se convierten en mero discurso, en demagogia.
El Talento es dinámico (no es una foto sino una carrera de fondo); el Talento colectivo es sinérgico o si no se pierde. Haciendo lo mismo no se alcanza la Excelencia, que es superar las expectativas de los clientes, de los aficionados, sino la Obsolescencia (porque todo cambia alrededor).

La canción de hoy, Runnin’ (Lose it All), de Naughty Boy con Beyoncé:
www.youtube.com/watch?v=eJSik6ejkr0
“If I lose myself, I lose it all”

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