Capital Educativo

Hoy empiezo con una canción, de la banda sonora de una mis películas favoritas, cantada por una de mis cantantes preferidas, Barbra Streisand. De Yentl, ‘Papa, can you hear me?”

“The way your spirit iluminates my soul”. Hoy mi padre habría cumplido 84 años y le estoy más agradecido que nunca.

El maestro José Antonio Marina, a modo de cierto homenaje, nos habla en su columna de ‘Ideas’ del Capital Educativo. La OCDE (‘Education at glance 2018’) nos recuerda que el nivel educativo de los padres influye poderosamente en los resultados escolares de sus hijos. El “efecto escuela” no alcanza ni el 30%. Los restantes factores son la condición del estudiante y su procedencia social. El “Capital Educativo” incluye el entorno familiar, económico y social, los canales de educación informales, las expectativas sociales que tenga…

Con toda humildad, el Capital educativo que a un servidor sus padres le entregaron fue el ejemplo (tanto mi padre como mi madre, nacidos antes y durante la Guerra Civil respectivamente, fueron licenciados universitarios; mi padre, profesor mercantil y mi madre estudió magisterio aunque nunca ejerció), el interés por la lectura y el estudio (hicieron cuantiosas inversiones en enciclopedias para que pudiéramos cultivarnos), los viajes culturales, el fomento de la curiosidad y la creatividad. Si bien los genes pueden influir (tanto mi tío paterno Ramón Cubeiro como mis tíos maternos Raúl y Jorge Villar han sido docentes sobresalientes), recuerdo el interés de mis padres por que estudiara. En cierta ocasión, con apenas 8 años, me desperté porque tenía uno de los deberes sin hacer (en aquel momento estudiaba en el Instituto Británico de la calle Almagro). Debía ser las 3’30 de la mañana. Mis padres se levantaron, fueron al salón conmigo, estuvieron despiertos hasta que acabara y se fueron a dormir. Un recuerdo inolvidable. Mi padre me repetía que, tanto si sacaba buenas notas como si suspendía, el beneficio o el perjuicio sería para mí. Espero haber inculcado la mitad de ese sentido de la responsabilidad en mi hija, Zoe.

Marina concluye su artículo de hoy: “Después de haber trabajado tanto y tan inútilmente por un “pacto escolar”, creo que su momento ha pasado. Debemos ir a un “pacto por la protección y el desarrollo de la infancia y la adolescencia”, que incluya a la escuela, pero dentro de un plan más ambicioso, en el que deben coordinarse muchas instituciones. Desde hace mucho tiempo recomiendo que el “Ministerio de Desarrollo Educativo” ocupe una Vicepresidencia del Gobierno, porque tiene que coordinar acciones que dependen de Bienestar social, Sanidad, Empleo, Industria, Cultura, Economía y, por supuesto, Educación. Los problemas tiene solución. ¿Es que no se enteran?”

Gracias, querido y admiradísimo José Antonio.

Creo firmemente que el trabajo realizado por el “pacto escolar” no ha sido en absoluto inútil, más allá de las mezquindades de ciertos políticos y medios de comunicación. Me gusta que José Antonio Marina sea aún más ambicioso y proponga esa vicepresidencia de desarrollo. Como él ha dicho muchas veces, la transformación no es “a golpe de decreto ley”, sino en la consciencia de los ciudadanos, como madres y padres. “Capital educativo” es el legado a nuestros hijos en esta era del Talentismo.

La canción con la que acaba Yentl es “A piece of sky” (un trozo de cielo):

“Papa, Watch me fly!”

 

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