Titulitis en Silicon Valley, la paradoja del progreso y la identidad de la clase media

Esta mañana he estado en la Talent Tower, con reuniones de comienzo de temporada y avances en propuestas y proyectos con clientes. En este nuevo entorno de aceleración, las empresas con un Modelo de Liderazgo Propio (MLP), con su Mapa de Talento (rendimiento y potencial), con líderes-coaches (que practican habitualmente las conversaciones de carrera) y desvinculación de quienes no vayan al ritmo del proyecto serán las ganadoras. Liderazgo-Talento-Desarrollo-Productividad. Las que desprecien el talento (en la realidad, más allá del discurso), depreciando el talento colectivo, desaparecerán a mayor velocidad que nunca: Despreciar-Depreciar-Desaparecer.

De la prensa de ayer, quisiera destacar tres artículos especialmente interesantes.

En El Mundo (PAPEL/Educación), ‘Silicon Valley ya no quiere licenciados’, por José María Robles. Ni Bill Gates (Microsoft), ni Steve Jobs (Apple), ni Zuckerberg (Facebook), ni Jan Koum (WhatsApp), ni Travis Kalanick (Uber) ni Daniel Ek (Spotify) terminaron sus carreras universitarias. Al parecer, Apple, Google, IBM; Starbucks, EY o Hilton están empezando a pensar que la licenciatura no es importante. La transformación del entorno laboral y la propia formación de las empresas (sus universidades corporativas) están reescribiendo las reglas. La Learnabilty (voluntad y capacidad de aprender), ser autodidacta, ganar en experiencia, la intuición (resolución de problemas complejos), la curiosidad y creatividad, la inteligencia emocional están ganando peso en los procesos de selección.

Efectivamente, en un mundo de exceso de datos e información (y de falta de claridad, criterio y coraje), las competencias “soft” marcan la diferencia. Sin embargo, sin caer en la titulitis, la formación es condición necesaria, imprescindible. Estamos en la “skills revolution”, en la revolución de las competencia, y muchas cosas están cambiando al respecto.

 

En La Contra de La Vanguardia, Lluis Amiguet entrevistaba a Colin Crouch, teórico de la posdemocracia que ha disertado en el Palau Macaya La Caixa: “La clase media pierde poder y por eso busca más identidad”. La democracia, para él, es como una calabaza brillante por fuera y llena de gusanos por dentro. ¿Por qué? Porque los ciudadanos están desclasados, pierden poder con la globalización y la suplen con una identidad, aunque sea impostada. “La gobernanza y las soberanías compartidas son tan complejas que poca gente alcanza a comprender cómo funcionan”: Se ha perdido la esencia de la democracia, la sensación de que las personas deciden con su voto. “En la política hay péndulos”.

 

En El País, Víctor Lapuente, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Gotemburgo, nos apuntaba que ‘Vivimos en Matrix’. Porque “nos cuesta reconocer el progreso. Y la gran paradoja es que, mientras los datos nos indican que ésta es la era de mayor prosperidad y paz de la historia, la percepción que tenemos es que atravesamos la época más crítica y convulsa”. Vivimos en una “caverna platónica”. Daniel Gilbert (Harvard) lo ha llamado “Prevalence-induced concept change” (cambio conceptual inducido por la prevalencia), esto es, cuando un problema se reduce, ampliamos su definición. Por ejemplo, “cuando -o precisamente porque- éste es el periodo de la historia donde las agresiones son menos habituales, nos sentimos más agredidos que nunca”. “Quizás es para bien. Pues la expansión de los problemas indica que somos socialmente más conscientes del sufrimiento ajeno. O quizás para mal. Pues también conlleva el vacuo ascenso de lo políticamente correcto”. La desventaja es la incapacidad para reconocer el progreso (aunque VL no lo comenta el libro de Johan Norberg, comentado en este Blog, resulta clarificador). En los 80, 1/3 de los habitantes del planeta vivía en la extrema pobreza; hoy es el 10%. La esperanza de vida ha sido históricamente de 30 años, y hoy en nuestro país supera los 80. Steven Pinker se sorprende de que este periodo se califique como uno de los peores de la historia, frente a las certezas científicas. El terrorismo, la discriminación, el separatismo… están en la agenda, en la opinión pública. “No renunciemos a resolver los problemas sociales. Pero hagámoslo teniendo en cuenta que los humanos tendemos a expandirlos a medida que los solucionamos (…) Y así ponemos la política al servicio de la realidad y no la realidad al servicio de los políticos”.

 

¿Qué tienen en común conceptos tan actuales como Antititulitis, Posdemocracia y Matrix social? Ficciones y trampas.

Yuvak Noah Harari lograr convertir un texto para estudiantes de Historia de su Israel natal en un enorme best-seller con una idea poderosa: La revolución cognitiva, del pensamiento, fue la capacidad humana de inventar ficciones. La ficción del dinero, la ficción del estado/nación, la ficción del poder. Y con ficciones seguimos.

La ficción (engañosa) de confundir la aptitud, que depende de los conocimientos, con la actitud, que se plasma en comportamientos. No es una “o” la otra; es una (los conocimientos y las habilidades) previa a la otra (los comportamientos, que advertimos por las emociones, el lenguaje y la presencia o comunicación no verbal). El Talento, ya sabes, es Capacidad (Aptitud + Actitud) por Compromiso en el Contexto adecuado.

La ficción de perpetuar la democracia en la forma pero no en el fondo. Si te interesan las ideas de Colin Crounch, te recomiendo su arrtículo ‘Coping with postdemocracy’ (Haciendo frente a la posdemocracia): https://www.fabians.org.uk/wp-content/uploads/2012/07/Post-Democracy.pdf

Y la ficción de confundir los avances basados en datos con la agonía y la preocupación exageradas, que alimentan los populismos. Por cierto, tengo pendientes dos libros de Víctor Lapuente, ‘El retorno de los chamanes’ (2015) y ‘Organizando el Leviatán’ (2018). En éste último, sostiene que la meritocracia o la falta de selección en la elección de los funcionarios públicos es determinante para la calidad de la democracia. La mayor parte de la ciudadanía no se rasga las vestiduras por que el gobierno de turno (el actual, el anterior, el venidero) coloque a miles de personas en la administración sin otro mérito que el carnet del partido. La corrupción abunda y la administración es ineficaz, dicen Lapuente y Dahlstrom, si políticos y funcionarios entrelazan sus destinos.

Dicho de otra forma, la falta de talento (por exceso de título universitario, sin experiencia ni carácter) en la selección  puede dar al traste con las empresas del Silicon Valley (y todas las organizaciones en general). La falta de talento en el desarrollo de la democracia acaba con la clase media y resta vigor al sistema democrático, que siente que no participa y que la democracia se ha convertido en una burocracia sin participación real. La falta de talento en el compromiso resta veracidad a la situación y alimenta los populismos. Faltas en la atracción, desarrollo y compromiso del talento, en todo el ciclo estratégico del mismo. Comunidades repulsivas, inmovilistas, autoengañadas.

Mi gratitud a José María Robles, Lluis Amiguet/Colin Crounch, y Víctor Lapuente por hacernos pensar.

 

La canción de hoy, ‘You make me happy’, de Clare Bowditch:

 

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