Dolor, Poder y Gloria

Ayer por la tarde fui a ver ‘Dolor y Gloria’, la última película de Almodóvar. La sala de los cines Palacio de Hielo, prácticamente llena (espectadores de 50 años y 60+), buenas críticas y, en mi caso, la necesidad de dar una oportunidad más al director manchego (han pasado 13 años de ‘Volver’, su última cinta que me gustó; ‘Los amantes pasajeros’, de 2013, me pareció una tomadura de pelo y ‘Julieta’, de hace tres años, me dejó indiferente).

Más allá del guión más o menos autobiográfico (el propio Pedro Almodóvar vino a desmentirlo: ” ¿Es Dolor y gloria una película basada en mi vida? No, y sí, absolutamente. Todas mis películas me representan”) y de las 20 coincidencias de la película con su vida que ha encontrado Valeria Vegas: el tinnitus, la casa de Pintor Rosales, las lavanderas en el río, el niño amanuense, Chavela Vargas, la pelea con sus actores (hace 32 años de ‘La Ley del Deseo’, protagonizada por Eusebio Poncela), las cicatrices, la Filmoteca (‘La ley del deseo’, 2017), el ¿a quién habrá salido éste? de su madre, el hogar, los taxis, el padre, la gata, el travestismo, las vecinas de la madre, el fantasma de Lola, Esther García (la mano derecha de Almodóvar, que interpreta Nora Navas), el libro ‘Cómo acabar con la contrcultura’ y el título ‘El primer deseo’ (El deseo es el nombre de la productora fundada por los hermanos Agustín y Pedro para ‘La ley del deseo’).  

Y sobre todo, su colección de arte. Al parecer, todas las obras pictóricas que aparecen en la película, excepto dos (uno de los Pérez Villalta y el ‘Racimo de uvas’ de la lucense Soledad Mallo) son de la colección de Almodóvar. Pinturas de la propia Soledad Mallo (‘Máscaras en diagonal’), Sigfrido Martín Begué, Miguel Ángel Campano o Dis Berlín, la mayoría adscritos a la movida madrileña. Incluso hay obras del propio Pedro Almodóvar (dos galerías hicieron exposiciones de él en 2017 y 2018).

·La imaginación no se preocupa tanto de la verdad como de la verosimilitud, y que el resultado sea entretenido y emocionante”, escribía Almodóvar hace una semana. Coincido con Carlos Boyero (y ya es raro) que el personaje de Salvador Mallo, interpretado por Antonio Banderas y que se supone es el “alter ego” de Almodóvar, no me conmueve. Una lástima. Ni comparto su dolor ni entiendo su gloria.

Me quedo con las interpretaciones de Antonio Banderas, Asier Etxeandia y Julieta Serrano (como la madre del director). Y de la filmografía de Almodóvar, una veintena de películas, me quedo con ‘¿Qué he hecho yo para merecer esto?’ (1984), ‘Matador’ (1986), ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’ (1988), Átame (1989), Tacones lejanos (1991), ‘Carne trémula’ (1997), ‘Todo sobre mi madre’ (1999) y, sí, ‘Volver’ (2006). Además de volver a ver ‘8 y medio’ de Fellini (1963), obra maestra en la que sin duda está inspirada (escena inicial de la piscina incluida).

Almodóvar sigue siendo aquel: el “hombre de la Mancha” fascinado por la movida madrileña. Sin embargo, desde los 80 el mundo ha cambiado demasiado y este relato me temo que ya no nos emociona. En cualquier caso, gracias Pedro por formar parte de nuestras vidas y de nuestra historia.

La Gloria es la fama, el honor y la reputación que se obtienen por grandes logros. El Poder es la capacidad de lograr algo.

Hoy he leído ‘El oligarca camuflado. Radiografía del poder’, de Alfonso Durán Pich, manager profesional, sociólogo y psicólogo, profesor de ESADE durante 14 años.

El autor define el poder, siguiendo a Weber, como “la posibilidad de imponer tu voluntad al comportamiento de otros”. El final de un proceso. Toma la tipología de Galbraith: poder condigno (amenazas de castigos), compensatorio (surgido de la negociación) y condicionado (cuadro de creencias propio). El Liderazgo que utiliza conceptos a los que asocia un valor simbólico. El poder de la oratoria, el Estado como Leviatán (el monstruo que todo lo puede) teorizado por Hobbes, el “contrato social” de Rousseau. Los moralistas, con Adam Smith a la cabeza.

Desde el enfoque de William Domhoff, no podemos entender el poder si no comprendemos a la organización. Para Michael Mann, sus raíces están en lo ideológico (significados), lo económico (necesidades materiales), lo militar (violencia organizada) y lo político (territorio). Cuatro redes esenciales. “El poder es patrimonio de unos pocos”.

Alfonso Durán-Pich parte de un análisis conceptual de la oligarquía, desde Atenas (un 10% de la población tenía derecho al voto) y la Edad Media (Venecia) a La Mafia, pasando por Vilfredo Pareto y Gaetano Mosca, “Quien dice organización dice oligarquía” (Robert Michels). Para el autor, una realidad sociológica incuestionada.

Dinero y poder. El libro nos ofrece un par de listas de los hombres más ricos de la historia (Gus Lubin, 2010; Sam Becker, 2017): mandatarios que se aprovecharon de la riqueza de sus naciones, de la explosión de sectores, de la especulación. Alfonso analiza el patrimonio de 15 súper-ricos actuales.

Los ejecutores: política y poder. Desde la polis y Aristóteles, el triunvirato de César, la Baja Edad Media, ‘El Príncipe’ de Maquiavelo, la caída del Muro de Berlín, Cuba y Corea del Norte, la “dictablanda” de Rusia (los “chicos de Harvard” como Jeffrey Sachs y Lawrence Summers crearon este proceso supuestamente liberal). Excepto Putin, Xi Jiping y eventualmente Trump, los líderes políticos son poco relevantes.

Los gestores del dinero del poder: la banca y sus derivados. “El dinero estático se deprecia. Pierde valor” (como el talento, me permito añadir). Si el PIB mundial son 85 B $, sólo los derivados según el BIP (Banco Internacional de Pagos) son 330 B $, y es sólo una parte del pastel. “No se trata de tener mucho dinero, sino de gestionar el dinero de otros, sobre todo si espúblico” (Alan Greenspan). El autor también se refiere a Robert Rubin, Lawrence Summers, que declaró en 2007: “La economía de EE UU es saludable y robusta”, Paulson, Timothy Geithner. El G30 como lobby de poder. Fondos de pensiones, fondos soberanos, fondos de cobertura, capital riesgo, compañías aseguradoras. Y las cuatro instituciones de carácter global: el FMI, el Banco Mundial, la OCDE y la Organización Mundial de Comercio.

Los periféricos: la lubricación del poder. Los auditores (de los 8 a las “Big Four”), los consultores (desde Arthur D. Little en 1886 a McKinsey, que factura 9.000 M $), las agencias de calificación (CRA).

Las multinacionales: el poder desnudo. La primera, la East India Company de 1600. El Top Ten hoy son Apple, Amazon, Alphabet (Google), Microsoft, Berkshire, Facebook, ALIBABA, Tencent, Morgan Chase y Exxon Mobil. En los últimos 50 años, la relación salarial entre el CEO y el empleado medio a pasado de 20 a 1 (1965) a 271:1 (2017). El poder de las multinacionales es un poder sin fisuras.

Los think tanks: fabricantes de ideas para consolidar el poder. Los fabianos, la “era progresiva”, “The Inquiry”, el Council on Foreign Relations, la tercera ola actual (1.500 think tanks en EE UU). El autor repasa los principales en el mundo.

Los periodistas, a los que llama “el pesebre del poder”. El “cuarto poder” se ha autoliquidado. La información era escasa, lenta y era mercancía, sin valor en sí misma. Hoy es súperabundante, rápida y ha despertado el interés del capital financiero. Lo que han credo los “fabricantes de ideas” los periodistas deben comunicarlo. “Queda una zona abierta y permisiva para que el periodismo canalla distraiga a la plebe”.En Francia, 10 personas controlan el 89% de la prensa, el 55’4% de la TV y el 40’4% de la radio; en UK y USA es muy similar. Despotismo ilustrado 4.0

Los lobboes: los conseguidores del poder. Concepto de origen medieval (“labia” es donde se congregaban los clérigos). Las dos ciudades donde se concentran son Washington DC y Bruselas (30.000 lobbyistas, tantos como empleados de la UE).

Los clubs exclusivos: los conspiradores del poder. La Trilateral (David Rockefeller, 1973), el Club Bilderberg (1954), Bohermina Grove (1865), el Foro de Davos (1971, es la principal plataforma mundial de contactos). Al parecer, los acuerdos Arafat-Peres. Mandela-De Klerk o el de Anatoli Chubáis con los oligarcas rusos se cerraron en Davos.

El complejo militar-industrial: el brazo armado del poder. George F. Kennan, el padre de la “política de contención” y el presupuesto federal en defensa (600.000 M $, la mitad del gasto mundial). China es 200.000 M $ y Rusia 70.000 M $. La industria de defensa es ajena a las crisis.

El sistema jurídico: la cara oculta del poder. Desde la separación de poderes de Montesquieu y Alexabder Hamilton (uno de los “padres fundadores” de EE UU) a las dictaduras, “dictablandas”, democracias flexibles… Bufetes internacionales y dos lealtades (Hans Peter Graver): al ideal de justicia y al legislador.

A modo de síntesis: no existe unidad central de mando, sino una red, una élite. Hay dos tipos de agentes: los “gestores del dinero del poder” y los “representantes del poder desnudo” (ejecutivos de las EMN), Los “plutócratas” (los muy ricos) observan y les dejan hacer. El resto son subsidiarios. “Unos fabrican las ideas por encargo, otros las venden, otros las llevan a la práctica, otros las ordenan y codifican, el siguiente grupo las facilita y legitima y, si es necesario, el grupo de cola las impone por la fuerza”. Tres ejes: tecnología, financiación y globalización.

Alfonso Durán-Pich concluye con el “efecto Mateo” (Robert Merton). Ya sabes, la parábola de los talentos. Si has pasado por ciertas universidades y ciertos bancos de inversión, el camino está despejado. Las actuales éites no son de ostentación sino “curroadictas” (workaholics). “El mundo hoy está financializado”, con valores homogéneos. Ex-Harvards, ex-Goldman Sachs. “De acuerdo, hay lucha de clases. Pero somos nosotros, los ricos, los que vamos ganando” (Warren Buffet). Y es que la empoezaron ellos, nos cuenta Alfonso: los oligarcas camuflados.

Un texto muy brillante, con una enrome capacidad de síntesis, que radiografía el poder como pocos lo han hecho. Gracias, Alfonso Durán-Pich.

De la banda sonora de ‘Dolor y Gloria’, ‘Come sinfonia’ de Mina

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