Leonardo da Vinci, 500 años después

Este fin de semana he disfrutado en Netflix de la serie ‘Huge in France’, protagonizada por Gad Elmaleh (8 episodios de media hora). El cómico Gad, el más famoso de Francia, se muda a Los Angeles para tratar de recuperar a su hijo (que quiere ser top model y operarse de pectorales). Gad en los EE UU no es conocido en absoluto (y tampoco importa en absoluto, porque lo que no triunfa allí…). Un retrato irónico de una sociedad como la californiana preocupada por el culto al cuerpo, Instagram, las telenovelas, los acosos, la meditación… Brillante Gad en esta serie (que, por supuesto, The Hollywood Reporter ha puesto a parir: “Cuando intenta ser graciosa no lo consigue. No es suficientemente buena para invertir tiempo en ella”). El poder de los contextos: Europa es otra cosa. Yo te la recomiendo encarecidamente.

En su banda sonora, el C’est si bon, canción de 1947, en la preciosa versión de Emilie-Claire Barlow (2015).

Y esta mañana he estado disfrutando la retransmisión en La Otra (Telemadrid) el partido del CD Tacón contra el Santa Teresa de Badajoz en el García de la Mata. El CD Tacón, creado por Ana Rossell y Lolo Merinero, ya es equipo de Primera. Un gran logo del que me siento entusiasmado. Gracias por vuestro tesón.

Hoy cierra sus puertas la exposición ‘Los rostros del genio’ sobre Leonardo da Vinci en el Palacio de las Alhajas y la Biblioteca Nacional de Madrid. Tuve la ocasión de visitarla hace unos días y me encantó por su capacidad de síntesis y su innovador diseño. Mi gratitud y admiración al comisario de la exposición, mi amigo Christian Gálvez.

He estado leyendo el especial de National Geographic dedicado a Leonardo da Vinci. ‘Vida, obra y legado del genio universal’. Como probablemente sepas, publiqué en 2007 ‘Leonardo da Vinci y su Códice para el Liderazgo’. Un libro prologado por quien fuera Secretario de Estado de Cultura, Luis Alberto de Cuenca, que comentara que nunca había visto al genio vinciano “tan humano” (el truco es que todas las declaraciones de Leonardo están en sus Códices). Por ello vemos un artista complejo, asexual, visionario y controvertido.

Esta edición de coleccionista de National Geographic, escrita por Bulent Atalay y Keith Wamsley, se divide en dos partes:

I. El Universo de Leonardo. El contexto del Renacimiento (si bien la época se sitúa en los siglos XV y XVI y lo empleó Vasari en 1545-1550), el término lo inventó Honoré de Balzac en el siglo XIX, y técnicamente Michelet en 1855 y Buckhardt en 1860 como disrupción entre lo viejo y lo nuevo. Leonardo “era la gracia más que infinita en todas sus acciones; y tanto y tan cumplido era su genio que, cuando aplicaba la mente a cosas difíciles, cualesquiera que fuera, las resolvía con facilidad” (Vasari). Leonardo nació en 1452, el año en que Gutenberg presenta su imprenta y un año antes de que cayera Constantinopla a manos de los otomanos. La Florencia de los Medici era un nido de intrigas. Cuando Colón llega a América, Leonardo tiene 40 años. Se adentró en el universo artístico italiano trabajando para Verrochio Era un chico de pueblo que llega a Florencia y realiza su primer retrato, Ginebra de Benci, hija de un banquero, en 1476-1478. Demuestra que el artista posee una curiosidad insaciable.

II. El cuaderno de Leonardo. Los años milaneses, 1481-1490: en la corte Sforza pinta ‘La dama del armiño’, La Virgen de las rocas, El hombre de Vitrubio… En la segunda etapa, 1491-1499, director de escenografía en la corte, la última cena. En camino: 1500-1507 Venecia y de nuevo a Florencia. Los últimos años, 1508-1519, como maestro.

Mi gratitud a los autores, Bulent y Keith; al director de National Geographic España, Josep M. Cabello y a RBA, licenciataria de NatGeo.

Hace 11 años, en una entrevista de Wharton y Universia, me preguntaron cuánto podría valer la Marca de Leonardo da Vinci. Respondí que más que Coca-Cola (por entonces, 70.000 millones de dólares). El “Salvator Mundi” se ha vendido por más de 450 M $.

Da Vinci es el mejor ejemplo del Renacimiento. Suya es la frase “no estamos en una época de cambios, sino en un cambio de época”. La de Leonardo, el inicio del Capitalismo; la nuestra, desde 2012, el Talentismo.

Christian Gálvez nos enseña como pocos por qué una persona con tantas dificultades personales llegó a ser uno de los mayores genios del arte universal.

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