La dolce vita, el camino mediterráneo hacia la Felicidad

Estupenda celebración de cumpleaños la de mi amigo José Manuel, a quien le agradezco mucho el fiestón. Y hoy, cumple de Loles Sala, directora del Human Age Institute y de Talento y Cultura de ManpowerGroup. En los últimos cinco años y medio, he aprendido mucho del esfuerzo y la perseverancia de Loles en pos del Grupo como “organización en aprendizaje” y del valor del Learnability (Aprendibilidad) para la Empleabilidad de jóvenes, talento senior, etc. Gracias Loles por estos años… y lo mejor está por llegar.

He estado leyendo ‘La dolce vita, El camino mediterráneo hacia la Felicidad’, de Ángela Lombardo. Es la ópera prima de la editora de Catania asentada en Milán especializada en estudios clásicos.

Ángela parte del pensamiento de Epicuro: la sencillez hace que la justicia y la belleza sean la misma cosa. Epicuro nació en el 342 aC, seis años después de la muerte de Platón, cuando Aristóteles era el precepto (¿Coach?) de un Alejandro Magno de 14 años. Epicuro, en su búsqueda de la Felicidad, utilizaba metáforas como dormir y comer. La sabiduría de Epicuro, la elegancia de Lucrecio y la ironía de Horacio tienen mucho que enseñarnos (en otras entradas de este Blog he hablado de las valiosas lecciones del Epicureísmo),

Algunos consejos:

A, Caminar en el vacío.

  1. No pises las huellas de los demás. “Mientras caminamos, debemos procurar que la próxima jornada sea mejor qye atención y, al llegar al final, estar tan contentos como antes” (Epicuro, Sentencias vaticanas). Se trata de personalizar nuestro camino (la autora cita a Robert Frost: “the road less taken”). “Jamás he pisado las huellas de los demás” (Horacio).
  2. Expresa un deseo; o mejor, un capricho. Hemos de aligerar los deseos (como nos propone Marie Kondo, la experta en simplifcación de las casas). Hemos de aprender a ser “desobedientes” (factor Aladino, de Jack Canfield y Mark Víctor Hansen: ¿qué le pides al genio de la lámpara?)-
  3. Búscate un mecenas (o dos). “El sabio que se enfrenta a las necesidades de la vida se encuentra más dispuesto a repartir lo que tiene que a reclamar lo que le corresponde: gracias a la libertad ha conquistado un tesoro inmenso” (Epicuro, Sentencias vaticanas). Hemos de distinguir entre un patrocinador y un escultor. “Inventa una forma creativa de vivir una vida creativa”.

B. Vive como un Dios entre los hombres.

4. Aparta a los que te hacen sufrir. Abandona el camino trillado.

5. Recuerda que debes morir. Carpe diem (Memento vivere). Epicuro, en su Carta a Meneceo sobre la Felicidad, emplea el verbo “apoláuo”, sacar provecho de una situación (de ahí viene “lucrarse”). Una pequeña chispa de dulzura es un arma muy poderosa. Ofrece “xénion” (hospitalidad) a tus invitados.

6. Invita a un café a tu vecino.

7. Sé más feliz que un Dios (entusiasmo). Epicuro nos habla de “tranquilidad de espíritu” (ataraxían). Cada [email protected] debe desarrollar las mejores “aretai” (potenciales, virtudes) que le ha dado la naturaleza. Autarquía: independencia moral, autosuficiencia económica. Vive como un rey, triunfa más allá de las murallas del mundo. DISFRUTA DE TU TALENTO.

8. Sé joven y sabio. Pinta como un niño.

9. Concédete un banquete. Prepara con esmero el plato principal.

10. Brinda a la salud de tus enemigos. Desea obstáculos santos.

11. Ve a vivir a un faro (como hizo Odiseo en Ítaca). Mira en muchas direcciones. Bebe una cerveza con un amigo de verdad, móntate una película (“catarsis” de Aristóteles como purificación profunda).

12. Escribe una carta a un amigo. “Todos los obstáculos nos benefician” (proverbio siciliano); “todo lo que sucede, conviene”, dicen en Cuba. Epicuro no creía en el destino, sino en la amistad. Sueña con los ojos abiertos.

III. Rueda por el mundo

13. Mira a las estrellas cara a cara. Aprende a sentir la saciedad, erige un monumento.

14. Besa a quien quieras. No te asombres de los ataques por sorpresa, confía en lo que ves, enamórate de lo desconocido.

15. Duerme bien y luego despiértate.

Espléndidos consejos. En esta Globalización 4.0, la vieja Europa (especialmente la del Sur) mantiene una filosofía de vida epicúrea. Desde su jardín, nos enseñó el “tetrafármaco”, la lucha contra los cuatro miedos: a los dioses, a la muerte, al dolor y al fracaso a buscar el bien. Le siguieron Horacio, Virgilio o Lucrecio. “El futuro ni depende enteramente de nosotros, ni tampoco nos es totalmente ajeno, de modo que no debemos esperarlo como si hubiera de venir infaliblemente ni tampoco desesperarnos como si no hubiera de venir nunca”. (Epicuro).

Mi hija Zoe se ha vuelto “fan” de El Príncipe de Bel Air (seis temporadas). En la cuarta (episodio 9), la hija de la familia (Hillary) quiere salir en Playboy. Su padre va a la Mansión y habla con Hugh Hefner. En el 10º de esa temporada, el tío Phil está tan obeso que su salud corre riesgo. Producidos en el año 1993, esta comedia es más moderna que las de ahora. Bien por el productor Quincy Jones, por los guionistas y por el reparto. Me temo que hemos involucionado en el último cuarto de siglo.

La canción de hoy es precisamente ‘Dolce vita’. La “dolce vita” no es hedonismo extremo, sino libertad y responsabilidad.

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