Cerebros diseñados para el sadismo: el lado oscuro de la humanidad

Semana de procesos de coaching estratégico (mañana, el tercero) con CEOs. Hoy además, reunión con mi buen amigo Luis Castellanos (autor de ‘La ciencia del lenguaje positivo’), el mayor experto en el poder del lenguaje para nuestra actitud (y por tanto, nuestro talento), nuestra felicidad y nuestro bienestar.

He estado leyendo la entrevista de Ima Sanchís en La Contra de ‘La Vanguardia’ a la psicóloga criminalista Julia Shaw, que ha publicado ‘Hacer el mal’. Nacida en Colonia, Alemania, creció en Canadá y vive en Londres, donde investiga psicología y ciencia del lenguaje en el University College. “No creo en los hijos”. “No tengo creencias”.

Según esta investigadora, la violencia se ha duplicado con creces desde 1950. “La violencia y el sufrimiento humano impregnan nuestra rutina diaria más que nunca”, lo que lleva a la desesperanza si bien la vemos más que la actuamos. “Nuestros cerebros están diseñados para el sadismo y es sorprendentemente común y cotidiano”. “A los que juzgamos como malvados los convertimos en monstruos y hacemos ver que son completamente distintos a nosotros para crear un muro psicológico”. La Dra. Shaw ha estudiado la mente de los “serial killers”, de los asesinos en serie. Son personas solitarias, con miedos, de comportamiento normal. “La mayoría de los asesinos no vuelven a matar, es uno de los delitos de menor reincidencia”, por lo que los asesinos en serie son una excepción.

¿Sadismo y atractividad? “Las personas poco atractivas son tratadas con menor amabilidad, obtienen peores trabajos, son condenadas más a menudo y tienen menos posibilidades de ser exoneradas pese a demostrar su inocencia”, explica Julia Shaw. Evaluamos la confiabilidad de una persona en 39 milisegundos (es puramente visceral). La neurociencia desvela, según esta experta, que “el cerebro de un psicópata asesino no se puede distinguir del de cualquier otra persona”. Deshumanizar a los demás es convertirlos en seres que se pueden o se deben exterminar.

Obediencia debida. “Externalizamos nuestra ética con suma facilidad, entregamos a otras personas la tarea de decir qué es lo correcto y nosotros cumplimos las normas. Creo que hay que cuestionarlas más”, nos cuenta la Dra. Shaw. Una llamada al pensamiento crítico.

Sólo en la última pregunta de Ima Sanchís aparece la “empatía” como concepto. Empatizar con el mal: “Si queremos comprenderlo debemos ponernos en su piel y nunca subestimar la capacidad humana para hacer el mal marginándolo. Diez años antes de cometer sus crímenes, Josef Mengele no era un asesino. Debemos comprender qué es lo que nos lleva a transitar esos caminos. Debemos hablar de lo indecible”.

Gracias, Ima, por la entrevista, y a Julia Shaw, por sus investigaciones y su claridad de ideas. Una prueba más de la importancia de la educación para fomentar la empatía, la orientación a los demás, la compasión y la solidaridad. Como diría la profesora de Stanford Anne Firth Murray, “el Amor como Fuerza para la Justicia Social”. Leeré el libro ‘Hacer el mal’ y lo compararé con el espléndido curso de Stanford que he realizado con Anne.

Cuando una mala persona se integra en un grupo de buenazos, suele tener las de ganar (porque se aprovecha de ello, y disfraza de supuesta valentía su caradura)… a corto plazo. Con el tiempo, la situación se desenmascara. Siempre me ha gustado la escena final de ‘Las amistades peligrosas’ en su versión cinematográfica (‘Dangerous liasons’ de Stephen Frears, 1988), con Glenn Close (en el papel de la Marquesa de Merteuil)tras ser abucheada por todo un teatro. Así creo que acaba la gente malvada.

Si te has quedado con ganas de más, te recomiendo ‘Es tiempo de replantearnos la maldad’ de Julia Shaw en TEDx Oxford.

La canción de hoy, ‘Am I evil?’ de Metallica

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