¿Estamos abocados a la mediocridad?

Sábado de comida y piscina con amigos en su chalet de la provincia de Toledo. Entre hoy día 7 y el 17 de septiembre se celebra la Feria de Albacete. Estos diez días Albacete es “la capital del mundo”, con una Feria tricentenaria en honor a su patrona, la Virgen de los Llanos. Como ha escrito el alcalde, Vicente Casañ, “hay una Feria para cada persona que se acerca a ella. Hay una Feria para cada momento del día o de la noche. LA Feria es esa enorme noria que no se detiene. La Feria es un ejemplo de convivencia cívica y de participación. ” En la Cabalgata, en todos los puntos del Recinto Ferial, en los Ejidos, las carpas o el paseo. ¡Qué estupenda manera de empezar la temporada!

Esta mañana he visto (y escuchado) en La 2 de RTVE desde el Museo d’Orsay de París el Concierto para Europa 2019 de la Sinfónica de Berlín dirigida por Daniel Harding (Oxford, 1975), director de la Orquesta Sinfónica de la Radio Sueca y principal director invitado de la Orquesta Sinfónica de Londres. Programa con fragmentos de Parsifal y La Walkiria de Wagner, Los troyanos y Romeo y Julieta de Berlioz, Peleas y Melisando y Preludio a la siesta de un fauno, de Debussy. Con el barítono galés Bryn Terfel, una de las grandes voces del repertorio wagneriano. Hijo de granjeros, Terfel es un antidivo de arrolladora personalidad que actuó en el Teatro Real de Madrid el pasado febrero.

No por casualidad, han coincidido esta semana (en El Mundo y El País) dos artículo importantes de la misma temática. El pasado miércoles, ‘La sociedad del sandwich mixto: por qué los mediocres dominan el mundo’, por el periodista Rodrigo Terrasa Gras. https://www.elmundo.es/papel/historias/2019/09/03/5d6ea47d21efa076048b4612.html

“A nadie le ofende un sándwich mixto, pero difícilmente alguien lo elegiría para su última cena. Es la metáfora ideal de un mundo en el que lo mediocre, lo que no destaca por ser ni demasiado malo ni demasiado brillante, está acaparando el poder”, escribe Rodrigo.

“Perdone, la cocina se ha cerrado, pero si quiere le podemos ofrecer un sandwich mixto”. Algo de calidad mediocre (no mala, no buena). Y cita, por supuesto, al filósofo y sociólogo canadiense Alain Deneault, autor de ‘Mediocracia’. “La mediocracia nos anima de todas las maneras posibles a amodorrarnos antes que a pensar, a ver como inevitable lo que resulta inaceptable y como necesario lo repugnante”. Parte del principio de Peter (“todo el mundo llega a su nivel de incompetencia”) y recoge la opinión de Daniel Inerarity (catedrático de la UPV): una sociedad que “castiga la disonancia, lo disruptivo. Lo que nos suena extraño tendemos a calificarlo como malo. La única manera de combatir ese sesgo es tener un sistema en paralelo para concederse una cierta excepcionalidad porque el sistema, por nuestro comportamiento gregario y por la igualdad democrática, tiende a premiar la conducta adaptativa. Quien quiera evitar ese sesgo lo que debe hacer es procurarse la compañía de alguien que le diga la verdad a la cara, que no le haga la pelota como hacen los asesores de hoy en día, sino que le diga alguna vez que está haciendo el ridículo, como hacían los bufones del Rey”. Los profesionales se convirtieron en “recursos humanos”: empaquetados, estandarizados, formateados… “Uno puede ser un mediocre muy competente, es decir, aplicado y servil pero sin convicciones. En ese caso, el futuro es suyo”, Alain Deneault. Mediocridad no es sinónimo de incompetencia, sino de servilismo, ausencia de pensamiento crítico (y de pensamiento conceptual), de seres grises e insípidos, “bien mandados”, con escasa ambición aunque se quejen mucho. ¿Y los políticos? Opina Inerarity: “Hace tiempo que dejaron de estar los más listos en el Gobierno pero no porque los gobernantes sean más tontos, sino porque los demás somos ahora más listos”. La solución para él es elevar la formación general, la inteligencia colectiva. Pero no parece.

‘Cuando los mediocres toman el poder’, escribía el profesor Alain Deneault en El País también el miércoles pasado: https://elpais.com/elpais/2019/08/30/ideas/1567166223_815812.html

“Deje a un lado esos complicados volúmenes: le serán más útiles los manuales de contabilidad. No esté orgulloso, no sea ingenioso ni dé muestras de soltura: puede parecer arrogante. No se apasione tanto: a la gente le da miedo. Y, lo más importante, evite las “buenas ideas”: muchas de ellas acaban en la trituradora. Esa mirada penetrante suya da miedo: abra más los ojos y relaje los labios. Sus reflexiones no solo han de ser endebles, además deben parecerlo. Cuando hable de sí mismo, asegúrese de que entendamos que no es usted gran cosa. Eso nos facilitará meterlo en el cajón apropiado”. Lo que mejor se le da a una persona mediocre es reconocer a otra. Juntos se convierten en clan. “La división y la industrialización del trabajo –tanto manual como intelectual– han contribuido en gran medida al advenimiento del poder mediocre. El perfeccionamiento de cada tarea para que resulte útil a un conjunto inasible ha convertido en “expertos” a charlatanes que enuncian frases oportunas con mínimas porciones de verdad, mientras que a los trabajadores se les rebaja al nivel de herramientas para quienes “la actividad vital […] no es sino un medio de asegurar su propia existencia”.

Son los tiempos del “analfabeto secundario” (Hans Magnus Enzensberger). “El hecho de fingir se convierte en un valor en sí mismo”. Hay que seguir el juego. ” El juego –una expresión cuya absoluta vaguedad encaja perfectamente con el pensamiento del mediocre– requiere que, según el momento, uno acate obsequiosamente las reglas establecidas con el solo propósito de ocupar una posición relevante en el tablero social, o bien que eluda con ufanía tales reglas –sin dejar nunca de guardar las apariencias–, gracias a múltiples actos de colusión que pervierten la integridad del proceso”.

Gracias, profesor Deneault, y a Rodrigo Terrasa. Leeré ‘Mediocracia’, para tratar de evitarla personal y colectivamente (el Talento es precisamente lo contrario, poner en valor lo que sabemos, queremos y podemos hacer).

Somos un país maravilloso, de gente encantadora, clima benigno y comida inmejorable. Sin embargo, la cultura en general brilla por su ausencia. Un ejemplo es ‘Genius: Picasso’ (una serie magnífica sobre el pintor más relevante del siglo XX, interpretada magistralmente por otro malagueño, el gran Antonio Banderas) que aquí relegamos, con todos los respetos, a La 2, a partir de mañana a las 10 pm. Tuve la oportunidad de ver la serie el año pasado en mis viajes a Iberoamérica y te la recomiendo encarecidamente.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/corazon/corazon-2-estrena-genius-picasso-antonio-banderas/5376467/

La canción de hoy, ‘Revolución, de Amaral. Por lo menos, revolución cultural, de educación, por la Lernability

https://www.youtube.com/watch?v=4yItxoATmq4


2 comentarios sobre “¿Estamos abocados a la mediocridad?

  1. Gracias JC. Llevo años denunciando la promoción de la mediocridad en las organizaciones y me he sentido menos solo al leer tu post. Paradójicamente las empresas son conscientes y quieren promocionar los perfiles distintos, menos dóciles…..pero después, en el momento de la verdad, vuelven a caer en el conservadurismo y eligen, de nuevo, a los típicos followers. En mi charla “El Factor Eva” promovía el no gregarismo y el ser crítico con los no críticos pero no parece calar

  2. Excelentes los artículos referenciados, un cuadro fidedigno de la situación que gobierna realmente nuestro país (que pienso es el que debe importar a los que vivimos en él) y un afloramiento de todo lo que, curiosamente influenciado por él mismo como feedback, convierte el hablar de ello en tabú.

    Sin duda, el fangal de mediocridad que vivimos día a día nos atrapa y convierte cualquier cosa que toca en un modelo mediocre abocado a la incompetencia. Urge y mucho empezar a añadir agua, a ver si conseguimos licuar el fango y que al menos algunos, los que lo deseen, puedan empezar a salir de él. Porque la empresa de este país necesita despertar y despegar a pesar de que el sándwich mixto de la política se lo siga impidiendo con su irracional pero férrea persecución.

    En fin, pan de molde, jamón y queso. Quién me hubiera dicho de pequeño que ese estándar de cumpleaños se convertiría en el acicate de un país.

    Y gracias por el genial artículo original

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