Greta Thurnberg: ¿Será la “niña verde” un juguete roto?

Anoche vimos el partido FC Barcelona – Villarreal y la película ‘¡Qué guapa soy!’ (2018) en Amazon Prime Video. Una divertida comedia de Amy Schumer que costó 32 M $ y recaudó el triple. Mi admiración a esta cómica y a dos futbolistas veteranos como Joaquín (Betis) y Cazorla (Villarreal) que ayer lo bordaron con sus respectivos equipos.

Jornada con [email protected] compañ[email protected] de Experis, la empresa líder que conecta la tecnología con el talento. Hemos hablado de Transformación (personal, cultural, organizativa) y de Líderes Digitales. Porque la Tecnología es un trampolín que multiplica el talento y el Talento sólo se aprecia hoy aprovechando la tecnología. Gracias, José Manuel, Carlos y a todo el equipo.

Gracias a la psicóloga Silvia Álava, que lo ha difundido, he estado leyendo el artículo de La Vanguardia ‘Las críticas empiezan a acorralar a Greta Thunberg’: https://www.lavanguardia.com/vida/20190922/47531602708/greta-thunberg-fama-asperger-medio-ambiente-cambio-climatico.html

He sido un gran defensor de Greta Thunberg, la chica sueca de 16 años que hizo en su día un discurso sobre la Urgencia (“la casa está en llamas”) en el Foro Económico Mundial de Davos. Incluso le dediqué un reciente artículo en ORH (‘Greta y los profes’). Sin embargo, el mundo es tan VUCA que lo que puede parecer sublime en un momento dado, al siguiente está “pasado de rosca”.

Ya ha comenzado el torrente de críticas a esta activista. Que si se ha aliado con familias de la realeza, que si contamina yendo en velero porque se niega a ir en avión, que si es el títere de poderosos grupos de influencia o sus padres no son tan inocentes y sacan tajada… ¿Aguantará la “niña verde” su fama o se convertirá en un “juguete roto”?

El Dr. Álvaro Bilbao, autor de ‘El cerebro del niño’, considera que el impacto de la sobreexposición de Greta dependerá de su carácter, de sus convicciones, de su fortaleza emocional. De su resiliencia, en definitiva. “Es como caminar desnudo por la calle”.

Greta sufre el síndrome de Asperger, un trastorno leve de espectro autista que afecta a la interacción con otras personas. Y que en este caso, el de la sobreexposición, puede jugar a su favor. “Podría hacerla más impermeable tanto a los halagos como a los críticas, ya que a estas personas les cuesta más detectar y percibir estados emocionales de los demás. Vivir en su mundo le permitiría seguir centrada en su mensaje sin recibir con toda la intensidad el impacto emocional de aquello que la rodea”, en opinión del Dr. Bilbao.

Lo deseable es que el movimiento contra el calentamiento global que eufemísticamente llamamos “cambio climático” no fuera tan unipersonal. [email protected] líderes de verdad pueden ser una marca, pero son realmente un equipo. Silvia Álava comenta en ese artículo que “todo el protagonismo lo absorbe esta niña; algo impensable si toda esta campaña la hubiese planeado, por ejemplo, el mejor de los publicistas”.

De momento, en una encuesta de La Vanguardia, un 20% no aprueba su activismo. Un ratio paretiano.

Con cara permanente de enfadada, creo que en el discurso de Naciones Unidas se ha pasado. Echarle una bronca a los mandatarios mundiales (ese “¿cómo os atrevéis”?) no me parece una buena opción. Se trata de construir juntos, no de echar culpas.

La historia de Greta comenzó hace poco más de un año. En agosto de 2018, inició una huelga para que Suecia redujera sus emisiones de CO2. Se sentaba a las afueras de Riksdag (Parlamento sueco) a protestar durante la jornada escolar. Tras las elecciones generales en su país, protestó todos los viernes e inició “huelgas por el clima”. En noviembre participó en TEDx Estocolmo:

Dos semanas más tarde, intervino en la conferencia de Naciones Unidas contra el cambio climático en Katowice (Polonia). La ZDF alemana emitió su discurso. En enero participó en Davos (la casa en llamas). En febrero, en una conferencia del Comité Económico y Social Europeo. El 15 de marzo, más de un millón de personas de 123 países hicieron huelga estudiantil. Ese mismo mes, diputados suecos y noruegos pidieron para ella el Nobel de la Paz. El pasado mes de abril, la revista TIME nombró a Greta Thunberg una de las 100 personalidades más influyentes del mundo. En mayo asistió a una conferencia en Austria organizada por Arnold Schwarzenegger y una artista pintó un mural de ella (15 metros) en Bristol. En juniom Aministía Internacional la nombró “Embajadora de la consciencia”. En julio, en la Asamblea Nacional francesa. Y luego en velero con placas solares de Europa a América, para estar en la reunión de Naciones Unidas. Ha sido portada de VOGUE en septiembre.

Una decena de breves discursos (desde el ‘Extinction Rebellion’ en Londres, octubre 2018, a los de Nueva York esta semana, pasando por TED, COP24, Davos, CSEE, Berlín en marzo 2019, Parlamento Europeo, Austria y Congreso de EE UU) han convertido a Greta en la imagen contra el cambio climático. ¿Y el futuro? Veremos cómo evoluciona en esta “sociedad del espectáculo”.

Hoy mismo, Luis Miguel Fuentes publicaba en El Independiente ‘Greta Thunberg o el apocalipsis de la edad del pavo’ https://www.elindependiente.com/opinion/2019/09/24/greta-thunberg-o-el-apocalipsis-de-la-edad-del-pavo/

y tachaba a la activista sueca de “versión eco-amish de Carrie a partir de la niña de Monstruos S.A.”. La califica de princesita con soponcio, zombi radiactivo, Juana de Arco que pretende meter miedo, porque pocas cosas dan más miedo que una niña que da miedo (homenaje a Chicho Ibáñez Serrador). Tal vez tenga razón este periodista: si en lugar de un eminentemente científico la amenaza proviene de una cría cabreada, “sólo parece ridícula la amenaza” y entonces, verdaderamente, “el fin de los tiempos está cerca”.

De las canciones contra el cambio climático, me quedo con ‘Heal the world’ de Michael Jackson:

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