La vie en rose y la fuga de los mandos intermedios

Comenzamos la semana en Toulouse. Vuelo de Iberia de las 7,20 de la mañana y llegada 80 minutos después a la “ciudad rosa” (por el color de muchos de sus ediificios). Queremos ver una veintena de lugares inolvidables aquí en el sur de Francia en los próximos días.

De la prensa de ayer, comienzo una vez más por José Antonio Marina reflexionando sobre el concepto “Nación de naciones“. Él es partidario de “Estado plurinacional”, nos recuerda los debates con los padres de la Constitución ( Manuel Fraga sostenía que “nación” y “nacionalidad” significaban lo mismo. Roca Junyent, que “nacionalidad” significaba “nación sin Estado”; Gregorio Peces Barba, que la nación, España, puede comprender en su seno otras naciones o nacionalidades; Jordi Solé Tura que se estaba definiendo a España como una “nación de naciones”.; Herrero de Miñón distinguía entre “soberanía”, que sólo la tenía la nación española, y la “autoidentificación”, que es lo que se llama “nacionalidad”. Ortí Bordás se quejó: “Yo solamente les diría a los miembros de la comisión que no son los problemas los que se constitucionalizan; lo que se constitucionalizan son las soluciones. Y Dios quiera que los constituyentes del 78 no constitucionalicen el problema de las nacionalidades”. Me temo que así lo hicieron: a Suárez y compañía no les dio tiempo a solucionar ni el problema territorial ni la financiación de los partidos políticos, y esos lodos los arrastramos desde hace 40 años (no parece que la talla política general sea capaz de arregrarlos). Marina nos muestra los dos límites: cuando el Estado asalta la Nación (Hannah Arendt lo ha explicado como origen del autoritarismo, y está volviendo a suceder desde los populismos) y cuando las sociedades no tienen Estado (Acemoglu y Robinson, ‘El pasillo estrecho’). Muy acertadamente, José Antonio Marina nos recuerda que el problema no es la soberanía sino la nación, y cita a Eugene Weber (‘La modernización de la Francia rural, 1870-1914’, Stanford University Press, 1976): el nacionalismo es fruto de la industrialización (a través de la burguesía, claro está).

Rosa Montero escribía ‘En el centro del corazón del mundo‘. Ahí está Greta Thunberg. Rosa entrevistó hace años a Richard Loveloc (hipótesis Gaia): antes de que acabe el siglo, Londres estará inundada y Bangla Desh desaparecerá bajo las aguas. Esta prestigiosa periodista da la bienvenida a los niños que claman contra el cambio climático.

Y en El País Negocios, ‘la fuga de los mandos intermedios’. Un artículo de Susana Carrizosa que menciona un informe de una consultora de RR HH en nuestro país según el cual el 80% de los jefes españoles busca un nuevo empleo en empresas menos digitales que las suyas, con mayor sentido ecológico y medioambiental y, por encima de todo, mucho más humanistas. El artículo cita a mis amigos Pilar Rojo (IE Busieness School), Fernando Calvo (Hays) y Javier Cantera (Auren). Más de medio millón de empleos digitales quedarán son cubrir en la UE en 2020. El 63% de las empresas españolas prevé ampliar plantillas el año entrante. Las compañías piensan que a seis de cada diez empleados les falta capacitación. Vaya papelón.

La canción de hoy, de Onda Vaselina, ‘Te quiero tanto’ (1997, del Álbum ‘Entrega total’). De la banda sonora de la serie mexicana ‘El juego de las llaves’, que estoy siguiendo en Amazon Prime Video.

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