El Hoyo y la Austeridad: expansiva o austericidio

Ayer sábado por la mañana vimos en Netflix ‘El Hoyo’, ópera prima del bilbaíno Gander Gaztelu-Urrutia, premio del Público en los festivales de Toronto y Sitges. Una inquietante y dura metáfora de la desigualdad social. Si todavía no la has visto, aquí tienes el tráiler:

Trata de una cárcel (llamada un “Centro Vertical de Autogestión”) con varios niveles (¿100? ¿200? ¿333?) en la que hay dos reclusos por planta. Allí se confina voluntariamente Goreng (Iván Messegué) con un libro, El Quijote, para pasar 6 meses, dejar de fumar y obtener un certificado. Conocerá a Trimagasi (Zorion Eguileor), a la funcionaria Imoguiri (Antonia Sanjuan), al combativo Baharat (Emilio Buale), a la asiática Miharu (Alaxandra Masangkay) en busca de su hija… Una plataforma de la que baja comida, de forma que cada nivel come las sobras del de más arriba: ¿egoísmo, solidaridad espontánea?

En el guión de David Desola (Barcelona, 1971) encontramos ecos de la ‘Divina Comedia’ (Dante baja a los infiernos por su amor a Beatriz, y es guiado por Virgilio), por supuesto del idealismo quijotesco (“El grande que fuera vicioso, será vicioso grande y el rico liberal será un avaro mendigo. Que al poseedor de las riquezas no le hace dichoso tenerlas, sino gastarlas. Y no el gastarlas como quiera, sino saberlas bien gastar”), de la película canadiense Cube (el espacio asfixiante) y de ’12 monos’ de Terry Gilliam, con Bruce Willis, Madeleine Stowe y Brad Pitt.

“En la tierra hay suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto como para satisfacer la avaricia de algunos” (Gandhi).

“La riqueza no consiste en tener grandes posesiones sino en tener pequeños deseos” (Epícteto).

“Quien sabe de dolor, todo lo sabe” (Dante Alighieri).

“Don Quijote soy, y mi profesión la de andante caballería. Son mis leyes, el deshacer entuertos, prodigar el bien y evitar el mal. Huyo de la vida regalada, de la ambición y la hipocresía, y busco para mi propia gloria la senda más angosta y difícil. ¿Es eso de tonto y mentecato?” (Miguel de Cervantes)

Crítica de 'El Hoyo', distopía que da mucho que hablar en Netflix

“Con la excusa de “los de arriba” evitamos asumir nuestras propias responsabilidades”, ha declarado el director de la cinta. La victoria es cambiarse uno mismo (“ama, no lo que eres, sino aquello en lo que te puedes llegar a convertir”) más que tratar de cambiar a la sociedad en su conjunto. Obvio.

Premiada internacionalmente, hizo algo más de medio millón de euros en taquilla. Ahora en Netflix, donde está desde el 20 de marzo, será un éxito global, estoy seguro. Comparto lo que ha escrito la crítica Mireia Mullor en Fotogramas: su contundencia narrativa la convertirá en un film de culto.

En otro orden de cosas, o no, he estado leyendo el libro ‘Austeridad. Cuándo funciona y cuándo no’ de los profesores italianos Alberto Alesina (Harvard), Carlo Favero y Francesco Gravazzi (Bocconi). Se trata de un meta-análisis de medidas fiscales en 16 de las principales economías (Estados Unidos y Canadá, Australia, Japón y 12 países europeos, entre ellos España) en los últimos 40 años (1970-2014). El gran Martin Wolf (Financial Times) considera este libro “extremadamente importante”.

Austeridad: Cuándo funciona y cuándo no eBook: Alesina, Carlo ...

La tesis central del libro es que hay dos tipos de austeridad, la recesiva (la más habitual) y la expansiva. Por tanto, tan importante es el “qué” como el “cómo”. Alesina, Favero y Giavazzi definen la austeridad como aquella política orientada a reducir el déficit público y a estabilizar la deuda del estado, objetivo que se procura lograr a través de la reducción del gasto, la subida de los impuestos o una combinación de ambas.

Sí, hay dos formas de austeridad. La más habitual es la subida de impuestos, directos e indirectos, ya de por sí elevados, lo que provoca la asfixia de la economía. Ajustes profundamente recesivos hasta 3-4 años después de su introducción, lo que provoca descensos en el PIB. La más inteligente es la austeridad expansiva, basada en los recortes de gasto, que reduce la relación deuda/PIB y tiene un efecto más permanente en la economía. Los autores demuestran en el libro la bondad de este modelo y la perversión del anterior sin ningún género de dudas.

La diferencia entre austeridad expansiva y recesiva y el control del gasto me ha recordado al profesor José Barea Tejeiro (Málaga, 1923-Madrid, 2014), catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid, presidente y socio de honor de AECA (tuve el honor de que el profesor Barea me entregara el I Premio AECA de artículos cortos originales sobre Contabilidad y Administración de Empresas en 1995 por ‘Jugando al ajedrez de Alicia’ ).

jbarea

El profesor Barea fue un economista de estado (un hombre de Estado dedicado a la economía) que destacó en el dominio de la política presupuestaria: disciplina, control, estabilidad, déficit, integración europea, crisis, sistemas de pensiones: viabilidad, envejecimiento y otros importantes aspectos de política económica, como la financiación del déficit exterior, la financiación automática o la competencia en el ámbito del Sector Público. Fue Director de la Oficina Presupuestaria de Presidencia de Gobierno con rango de Secretario de Estado. Premio CEOE de las Ciencias, Círculo de Economía y Jaime I de Economía. Gran Cruz de Isabel la Católica, de la Orden de Cisneros y presidente del Senado de CEDE.

En el Reino Unido de 2010 a 2014 se practicó la austeridad (2/3, recortes de gasto y 1/3, subida de impuestos) que el Fondo Monetario Internacional anticipó que llevaría a la recesión. Sin embargo, no fue así (austeridad expansiva) y el FMI se disculpó públicamente. En Irlanda en el mismo periodo, con una crisis bancaria de gran alcance, se redujo el gasto público un 11% del PIB y se subieron los impuestos un 4% del PIB. En 2013, Irlanda estaba creciendo al 4’3% y en 2014 al 8’9%. En España (2009-2014), el gobierno introdujo medidas de austeridad por el 12% del PIB; de los 12 puntos porcentuales, 7 fueron por subidas fiscales. En Portugal en un periodo similar y tras un “sudden stop” (parón de la inversión extranjera), austeridad por el 17% del PIB: 10% por reducción de gastos y 7% por subida de impuestos.

Como dijo Roger Domingo en el pasado #AlientaTalk al referirse al libro ‘Hablando se entiende la gente’ de Emilio Ontiveros, Daniel Lacalle y Juan Torres, la buena economía (la seria, la rigurosa) va más allá de la ideología.

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Mi gratitud a los buenos economistas como Alesina, Favero, Giavazzi, Ontiveros, Lacalle o Torres y mi recuerdo muy cariñoso al profesor Barea y a su hija Maite, desgraciadamente también fallecida tras una larga y penosa enfermedad.

Pensemos en la austeridad en las empresas TCV (Tras el CoronaVirus). Si únicamente considera variables tangibles, como los ingresos, los gastos, el margen, las llevará al austericidio. En el Talentismo, la nueva era en la que el Talento es el motor de crecimiento, hemos de considerar otras variables para distinguir la austeridad expansiva, deseable, de la recesiva, que llevará al final de la compañía (no olvidemos que la esperanza de vida corporativa se ha reducido a la quinta parte desde 1970).

La clave está en dos variables intangibles: la confianza y el compromiso. Siempre importantes, ahora esenciales.

“La confianza es el sentimiento que se genera cuando se dice la verdad y se cumplen las promesas” (José María Gasalla). Siguiendo el modelo del profesor Gasalla (Deusto), el gran maestro en la Gestión por Confianza, resulta de 10 variables:

  • Competencia Profesional
    • Claridad
    • Consistencia
    • Cumplimiento
    • Compromiso
    • Coherencia
    • Confidencialidad
    • Complicidad
    • Conciencia
    • Correspondencia (Reciprocidad)

Mi buen amigo José María Gasalla insiste en que “la confianza no se impone, se inspira”. Me gusta recordar que la confianza, siguiendo a Stephen Covey, es una cuenta corriente emocional, con sus reintegros y sus depósitos. Cuando queda a 0 es que la persona no es creíble.

La Confianza conecta con el Compromiso (entendido como implicación, “engagement”) en un 76%, según ha demostrado Paul Zak (2017)). Esto es, tres cuartas partes de la confianza se trasladan al compromiso, entendido como “la energía que le ponemos a lo que hacemos”.

Te recomiendo la ‘Guía Ejecutiva sobre el increíble poder de la Confianza’: https://www.mybreakthroughperformance.com/blog/executive-guide-on-trust Una empresa altamente confiable posee

  • un 50% más de productividad
  • un 50% más de fidelización del talento
  • un 106% más de energía laboral
  • un 76% más de “engagement” (compromiso)
  • un 74% menos de estrés
  • un 13% menos de bajas por enfermedad
  • un 29% más de satisfacción con sus vidas y
  • un 40% menos de “burnout” (estar quemados)

Los datos son inconstestables. La consecuencia, en términos de Compromiso, es clara. Y no corren buenos tiempos para el Compromiso, no corrían ACV (Antes del CoronaVirus). Según las investigaciones de Gallup, en la Unión Europea sólo el 10% de los profesionales en las empresas se sienten comprometidos y en España la cifra apenas alcanza el 6%.

Pensemos en un caso concreto. Como consecuencia de la crisis sanitaria, una gran empresa se plantea un ERTE. Se trata de una compañía con poderosos servicios centrales desde siempre, que apenas se tocan en este expediente, en tanto que la red comercial sufre de lo lindo. La actitud de la Alta Dirección no genera confianza precisamente, porque da poco ejemplo. El resultado lo podemos adivinar: por el bajón en confianza y compromiso, que se traslada al servicio al cliente, la compañía se está poniendo en serio riesgo. La austeridad como “austericidio”.

Afortunadamente, hay esperanza por dos motivos. Primero, porque sabemos lo que debemos hacer para elevar el Compromiso. Silvia Damiano en su libro ‘Engage Me’ lo llamó “modelo de las 3 E” (en ingles): Enjoy, Emotional Connection, Empowerment. Si la Alta Dirección fomenta el disfrute de verdad (de nuevo, dando ejemplo desde el propósito real de la empresa), la conexión emocional con empatía y auténtica compasión y la autonomía/delegación, la cosa puede funcionar. Si como “no está el horno para bollos” se trata de sufrir, de despegarse emocionalmente, de concentrar y recentralizar, apaga y vámonos. Tan simple como esto.

¿Funciona? Volviendo a Gallup, ese engagement del 10% en la UE se convierte en el 70% (sí, en el setenta por ciento) entre las Top Employers, entre las compañías que objetivamente gestionan mejor el Talento.

Executive Guide on The Incredible Power of Trust - Breakthrough ...

En fin, ACV (Antes del CoronaVirus) sólo el 20% de las compañías eran sólidas desde el punto de vista de la Confianza que generaban en los empleados, los clientes y el resto de stakeholders. Veremos TCV (Tras el CoronaVirus). Ni que decir tiene que son claves la convicción del CEO y la mentalidad del CFO, el Director Financiero: si posee perspectiva estratégica, practicará la “austeridad expansiva”. Si se dedica exclusivamente a cortar por lo sano, el niño (la empresa) se irá por el desagüe. Una mala austeridad nos lleva AL HOYO.

Las cartas están encima de la mesa. Hace falta el coraje, la valentía, para hacer las cosas bien (por eso un/a coach estratégico ayuda). Buenos tiempos para el Liderazgo Consciente y Coherente.

La canción de hoy, ‘Hope’ (Esperanza) de The Chainsmokers con Winona Oak. La hay si se hacen las cosas bien.

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