¿Anticipa la invasión de Ucrania una regresión global?

Estoy absolutamente encantado con el desayuno Canal CEO de ayer en Barcelona, en el que presenté ‘Cómo Descubrir y Aprovechar el Talento de tu organización’. 36 [email protected] participantes (entre [email protected], 21 CEOs, ningún/a Director/a de RR HH), lo cual es bastante revelador, un diálogo de hora y media muy fluido. Mi gratitud a Noemí Boza, a los patrocinadores (16 School, Nacex, La Salle) a través de Ana, Arianne, Isabel y David, y por supuesto a [email protected] [email protected] [email protected] que allí estuvieron, con plena atención. Y a Michael, el fotógrafo del acto, que ha dejado las imágenes para la posteridad.

Hoy es el Día del Padre. Bienaventurados los que tenemos [email protected] que lo celebran con [email protected]

En la web de Psychology Today ayer, el “psiquiatra cultural” Charles Johnston se pregunta: ‘¿Es la situación de Ucrania un heraldo de la regresión global?‘. Una cuestión interesante.

Como en el caso del Covid-19, parece que la invasión de Putin es un “cisne negro”. Los asesores de EE UU habían aconsejado a su gobierno seguir acercándose a China. En Europa, Alemania ha tendido puentes con la Rusia post-soviética hasta sufrir dependencia energética. Como la pandemia (así lo explicaba en ‘El virus que reseteó el capitalismo’), en realidad es un “rino gris” (Michelle Wucker): se veía venir.

Y ahora ha venido la explicación del “malvado” tan propia de las películas (y de la cultura) estadounidenses: que si Putin quiere reunificar la URSS, que si se ve a sí mismo como el zar o como Stalin, que si a sus 70 años (los cumple el 7 de octubre) está gagá, que si nunca ha dejado de ser un matón del KGB, corrupto y sin compasión, que está acorralado…

El Dr. Johnston quiere ir más allá y considera esta invasión un síntoma más de “regresión cultural”, del que lleva escribiendo desde los 90. Según Sigmund Freud, la regresión es un mecanismo de defensa que consiste en el retroceso del yo a un estado anterior de desarrollo. Imagínate por ejemplo que te molesta algo de tu pareja (que sigue defendiendo a su ex, por ejemplo) y te comportas como un niño, refunfuñando, malhumorado y diciendo que “no te pasa nada”. Las regresiones leves forman parte de la vida cotidiana; las graves, infantilizan, fruto de una profunda inmadurez. En términos sociales, la polarización (no olvidemos que esta crisis, a diferencia del estallido de la burbuja de 2008, es cuádruple: sanitaria y económica, política y social) supone una “vuelta a la Guerra Fría”, una época no tan lejana en la que “los malos eran malos y los buenos éramos buenos”. El “fin de la Historia” (Francis Fukuyama) no nos ha gustado nada: 11 S, guerra del Golfo, depresión, Afganistán, etc.

La Transformación Social (nos recuerda Johnston) puede ser “dos pasitos p’alante y uno p’atrás”. El cambio GTCT (Globalización, Tecnología, Clientes y Talento) en general no lo asumimos bien, desde la responsabilidad, sino desde el exceso de comodidad. En la invasión de Ucrania, seamos sinceros, ha habido desde Occidente más demagogia que involucración real. Y esto es un campo de experimentación de lo que la China comunista puede hacer en Taiwán: “Taiwán es parte de China para todos” (Lanxing Xiang, que dirige el Instituto de Política de Seguridad de Seguridad de Shanghai, 14 de marzo de 2022).

¿Hay esperanza para la “madurez cultural”? Desde el desarrollo del Talento, algunos creemos que sí. La hay desde la Educación, en proyectos como los de la Fundación Trilema. La hay desde la Responsabilidad, porque el Estado del Bienestar debe ser replanteado (es curioso que numerosos colectivos, como los transportistas en huelgas, pidan ayudas y no que se bajen los asfixiantes impuestos directos e indirectos). Desde el pensamiento crítico, como reclamaron esta semana en su diálogo José Antonio Marina e Imelda Rodríguez Escanciano, y desde el Liderazgo Femenino Abierto. “La bondad nos salva”.

Hay esperanza desde la compasión (la “ética cosmopolita, una apuesta por la cordura” de Adela Cordura) y no la empatía de “sociedad del espectáculo”. Desde el conocimiento (por eso la aptitud viene antes de la actitud), cuidándonos de los “tontos motivados” (como dice Emilio Duró) en esta “sociedad del desconocimiento” (Daniel Innerarity). Sí, hay esperanza, pero no desde la estupidez autocomplaciente.

He comprado como libro electrónico ‘Madurez cultural. Una guía para el futuro’ del Dr. Charles Johnston. Ya te contaré uno de estos días. Sin madurez, el talento se infrautiliza.

Mi admiración y gratitud a la buena agente de Cruz Roja que anoche en la estación de Atocha estaba ayudando a las refugiadas ucranianas y sus niños (y a entidades como Fundación La Caixa, que ha donado inmediatamente 1,5 M €, o Inditex, que ha aportado 3 M € a Acnur). Eso es “política de hechos”.

“Un, dos, tres… un pasito p’alante, María”, de Ricky Martín.

y para los papás en su día, también de Ricky Martin, ‘Livin’ la vida loca’ por Asno (Eddie Muprhy) y el gato con botas (Antonio Banderas), en Shrek 2 (2005). “¿No se supone que tenemos que hacer una fiesta?”.

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