Los hábitos ocultos de los genios

Ayer estuve viendo, de la cuarta temporada de ‘No necesitan presentación’, el programa de David Letterman con Billie Eilish. A sus 75 años, el veterano periodista conecta con la cantante de una forma maravillosa: inclusión intergeneracional. Por la noche, también en Netflix, la película ‘Garra’, de Adam Sandler, sobre un scout de la NBA que encuentra en España a un joven de enorme potencial (Juancho Hernangómez). Entretenida y con un buen mensaje.

He estado leyendo un libro que me recomendó el Dr. Javier Soteldo, una eminencia de la medicia: ‘Los hábitos ocultos de los genios’, del Dr. Craig Wright, profesor emérito de música de la Universidad de Yale, donde imparte “explorar la naturaleza de los genios”.

En latín, “genio” era el espíritu guardián. Si bien ser un genio incluye talento, no todas las personas con talento son genios. Mozart, Einstein o Leonardo son catalogados como genios porque sus obras han cambiado la sociedad. Tras una vida de observación e investigación como musicólogo, el autor considera que los hábitos comunes a los genios son:

  • Ética del trabajo (no lo consideran “trabajo”, sino “empleo” de su talento).
  • Resiliencia (aguante a pesar de todas las adversidades).
  • Originalidad
  • Imaginación infantil
  • Curiosidad insaciable
  • Pasión
  • Desajuste creativo
  • Rebeldía
  • Pensamiento transversal (cross-border)
  • Acción contra la corriente
  • Preparación
  • Obsesión
  • Relajación
  • Concentración

[email protected] no nace genio, se convierte en un genio” (Simone de Beauvoir). No se trata de “herencia o medioambiente”, sino de predisposición (pasión) y mucha disciplina. El cociente intelectual (IQ) no es un predictor fiable en absoluto.

Ser un/a genio no depende del género, aunque las mujeres suelan estar infrarrepresentadas. El libro repasa numerosos casos de mujeres geniales, desde Elena Piscopia, la primera que recibió un título universitario (Padua, 1678) a Aretha Franklin. “El mayor enemigo para una mujer suele ser la falta de tiempo para sí misma” (Brigit Schulte, The Guardian, 2019). Quien les quita tiempo, les quita talento.

Evita considerar a tu hijo “un prodigio”. No le hace ningún bien. Esforzarse es esencial, como demostró Leopoldo Mozart con su hijo.

Imagina el mundo como lo hace un niño, haciéndose preguntas, explorando. Como Mary Shelley, la autora de ‘Frankenstein’, J K Rowling con ‘Harry Potter’ o Gertrude Stein con los bocetos cubistas de Picasso. “Neotenia” es un término de los biólogos evolucionistas para designar la capacidad humana para perpetuar las cualidades de la juventud. “El genio es la única infancia recuperada a voluntad” (Baudelaire).

Pasión por el aprendizaje. Los genios nunca dejan de aprender, son curiosos por naturaleza. Leonardo da Vinci es un ejemplo paradigmático. Benjamin Franklin y Oprah Winfrey repiten esa pauta.

“Haz lo que amas”. Los genios se dedican a lo que más les gusta (la pasión como arrebato). Pensemos en Marie Curie, en Isaac Newton, en Charles Darwin, en Thomas Edison. Todas las horas del mundo dedicadas a lo que les entusiasma.

La línea entre genio y locura puede ser difusa (es la “manía” platónica). Aristóteles consideraba que “no hay genio sin un toque de locura”. Van Gogh, Virginia Woolf, Amy Winehouse o Beethoven.

Rebeldes, con o sin causa. Los genios “piensan diferente”, como Galileo Galilei, Martin Luther King, Andy Warhol o Frida Kahlo.

¿Zorros (que saben un poco de muchas cosas) o erizos (saben mucho de una sola cosa)? Los genios son zorros. Como Lady Gaga o Steve Jobs.

Actúa frente a la corriente. Así lo han hecho los grandes físicos, los grandes músicos, los grandes pintores, los grandes escritores (Cervantes, Shakespeare, Mark Twain).

¿Y la suerte? Te tiene que pillar trabajando. Los genios casi nunca emergen en condiciones de extrema riqueza. La Fortuna favorece a los audaces.

Muévete rápido y rompe cosas (Mark Zuckerberg, 2009). Los genios son iconoclastas.

Saber relajarte. Los genios se toman sus momentos de descanso, de paseos, de reflexión hasta el “eureka”. Como Einstein, Tesla o Paul McCartney.

Dedica tiempo a concentrarte en la tarea. Pensemos en ‘La última cena’ de Leonardo o las sinfonías de Mozart. Concentración en mitad del caos: todos los genios tienen un tiempo y un espacio para ellos, unos rituales propios.

Y así se llega a los resultados sorprendentes. Porque nada es casual.

Un libro muy instructivo que no te convierte en genio; sin embargo, resulta de enorme utilidad conocer cuáles son los hábitos de los genios para que podamos mejorar. Mi gratitud al profesor Wright y al Dr. Soteldo por su recomendación.

La canción de hoy, ’90 minutos’, por India Martínez. “Pídeme más”. Porque no han sido 90 minutos sino (al menos) 3 años. Lo mejor siempre está por llegar.

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