¿Qué está pasando? Nos lo explican cuatro maestras

Mi hermana Cristina “contó” ayer en LinkedIn que me habían concedido el PREMIO NACIONAL DE MANAGEMENT 2022 y lo feliz y orgullosa que se sentía por ello. En menos de 9 horas, 12.000 visualizaciones, 170 recomendaciones, 37 comentarios. No sé cómo agradeceros, empezando por Cristi, tantas muestras de cariño.

Una de mis frases favoritas de uno de los mayores pensadores del último siglo, D. José Ortega y Gasset, es “lo que nos pasa es que no sabemos qué nos pasa, y eso es precisamente lo que nos pasa”.

Por ello, buscaba en la prensa de ayer, como todos los fines de semana, análisis profundo sobre la realidad actual. Lo encontré, cómo no, en mis columnistas favoritas. Puro Liderazgo Femenino, firme y compasivo, con claridad de ideas y propuestas de futuro.

La Dra. Imelda Rodríguez Escanciano, docente, escritora y consejera de Asuntos Públicos, Políticos y de Gobierno que ha sido la Rectora más joven de la Historia de España (2014-2020) nos regalaba ‘El camino del medio‘. “Tengo la sensación de que el comportamiento de bastantes políticos se parece, cada vez más, a un sermón constante. Palabras, palabras y más palabras para intentar convencernos de lo productivos que son. Este afán no es un buen síntoma. Los dirigentes fiables hablan a través de sus hechos y pocas veces emplean más tiempo del debido anunciando lo que van a conseguir, con tres orquestas de platillos a su alrededor (por si alguien no les está prestando atención). Resuelven los problemas, calman el pesimismo, mejoran la vida de las personas y punto. Es la victoria de la eficacia frente a la retórica.” Nos ofrece unos malos ejemplos de esta “mala política”, harto frecuente y los conecta con la frase del expresidente Felipe González hace unos días: «En democracia, la verdad es lo que los ciudadanos creen que es verdad». 

En palabras de la autora, “La buena política es otra cosa. En primer lugar, porque deja espacio a la sociedad para respirar. Los políticos auténticos no dedican demasiado tiempo a narrar sus batallas, sino a ganarlas para ofrecer una perspectiva optimista y sólida. Los líderes que practican esta autenticidad están cerca de la prudencia y la utilidad. Al más puro estilo de esa lógica aristotélica que añoramos cuando empieza a desbordarse la incoherencia. Decía Aristóteles que «un maestro en cualquiera de las artes evita lo que representa demasiado y lo que representa demasiado poco; busca el término medio y lo elige». Este punto central es, precisamente, al que han llegado los líderes empresariales con mejor reputación del mundo y el que representan los candidatos realmente potentes (atención, porque llegan las elecciones municipales). Es decir, el equilibrio activo es la manifestación más clara del poder. Ese camino del medio es el que deberían elegir muchos de nuestros políticos porque incrementaría las posibilidades de acertar en su toma de decisiones. Pero, a menudo, ocurre lo contrario y entonces da la impresión de que padecen lo que llamo el ‘síndrome del líder acelerado’. Esto los lleva a hipercomunicar cada paso que dan, a hiperjustificar todo lo que hacen (y lo que no hacen) y a hipermolestarse ante los que no piensan como ellos, creando un clima de conflicto permanente. Los políticos que actúan así presentan una gran intolerancia a la eficacia. Y eso nos conviene poco hoy. Necesitamos líderes que sepan atinar, dando importancia a las cosas que realmente la tienen. Y que miren donde nadie lo hace (recordemos que cada vez hay más personas en riesgo de pobreza). Los líderes que nos llevarán con puntualidad al progreso saben dónde mirar. Y siempre eligen el camino del medio.”

Un camino del medio que nos recuerda a Aristóteles, el equilibrio, y al poeta Robert Frost.

En una línea similar en cuanto a coherencia y profundidad, la cineasta Isabel Coixet, autora de algunas de las películas más bellas del cine español, distinguía entre ‘Águilas y anguilas‘. Las águilas “son los seres que planean por encima de los problemas, nobles, buenos, sólo atacan para alimentarse, gráciles, elegantes… Las águilas son conscientes de su superioridad moral y pasan por encima de las desdichas de todo bicho que brujulea bajo ellas. Las águilas no tienen ni siquiera que juzgarnos a los que no somos águilas porque no nos ven, no entramos en su órbita de visión”. Las anguilas son todo lo contrario, “los que vamos trampeando, los que sabemos muy bien que no somos águilas, los que tratamos todo el rato de hacerlo lo mejor que podemos, pero fallamos estrepitosamente, los que nos culpamos.”. Las anguilas de vez en cuando se ven águilas y a los dos minutos “se bajan del burro”. Las águilas nunca se sienten anguilas. ¿Por qué la Coixet nos cuenta esto? “últimamente tengo la sensación de que vivo en un mundo de ayatolás que opinan y juegan y sentencian y destruyen desde una ficticia superioridad moral”. Da igual que defiendas a los saharauis, a las mujeres iraníes, estés contra la ablación en Uganda. “No sé qué ocurrirá el día que las águilas vean su reflejo en el agua y vean que las anguilas luchando contra la corriente somos todos”.

El texto de Isabel Coixet me ha recordado la parábola del fariseo y el publicano, el escudo de México, país al que adoro y espero volver pronto, y la famosa frase de Buda: “Responde inteligentemente al tratamiento no inteligente”. En tiempo de tanto “indignado”, la humildad es más importante que nunca.

Rosa Montero, la escritora de libros imprescindibles, nos enseñaba a ‘Aprender a surfear‘. A partir de la historia de un chaval de 17 años que deseaba encontrarse con su enamorada, @BrunaHusky revela la importancia del deseo: “la necesidad, o las necesidades sucesivas, las necesidades insaciables, son la esencia misma de los seres humanos. La necesidad de ser más querido, más admirado, más rico, más poderoso, más feliz. La vida es una escalera de necesidades que no lleva a ningún lado. Cada uno se construye sus peldaños y siempre surge un tramo más cuando ya creías haber coronado, como esas cimas de montaña, que parecen alejarse a medida que asciendes”.

Luis Landero, en Juegos de la edad tardía, lo llamaba “el afán”. “Es esa ansiedad tenaz, ese desasosiego que te impele a hacer más, citius, altius, fortius, qe hay que ver qué pesaditos nos ponemos con la ambición de ser”. ¿La vejez consiste en dejar de desear, “o lo que es lo mismo, de necesitar”? A Rosa Montero, como a un servidor, le parece que “el deseo es la vida. Ahora bien, quizá sea posible reducir la ansiedad, bajar las revoluciones del afán”. Un eminente psiquiatra de 82 años, Vicente Madoz, considera que tenemos “mal metida la idea de que en la vida hay que hacer cosas. La vida es un río y sólo pide que te dejes llevar por él, observándolo, a veces disfrutándolo y otras con miedo a hundirte. No te comas tanto el coco”. Pues eso: Rosa Montero nos invita a aprender a surfear las aguas turbulentas de la vida”.

El artículo de Rosa Montero me ha recordado el nuevo libro de Pilar Llácer, ‘Te van a contratar… y lo sabes’, que propone como primera competencia de empleabilidad la ambición, la “sana” ambición (el pragmatismo, que no la inteligencia práctica, siempre me ha parecido de mala educación) y la idea de “deseo interminable”, nuevo libro de José Antonio Marina que se publica en apenas un mes. Sí, la historia de la humanidad/inhumanidad se puede contar desde las emociones.

Carmen Posadas, novelista Premio Planeta y consejera de la Universidad Europea de Madrid, se despedía de Javier Marías: ‘Adiós, querido Holmes‘. Varios buenos y viejos amigos se reunieron para recordar sus momentos con el escritor recientemente fallecido. Ella no pudo estar y lo comparte generosamente con sus lectores. A veces se carteaban como si Marías fuera Mr. Holmes y la Posadas, Watson. En una ocasión, Carmen era Alicia y Javier, el gato de Chesire. Y así se contaban la semana. Nada intelectual, sólo una reflexión entre amigos. “Adiós al más talentoso escritor de una generación, adiós también al más generoso, detallista y, sobre todo, al más bromista de los amigos”. Sonriendo como el gato de Chesire.

Una columna que nos evoca al tándem como unidad básica del Liderazgo y a la amistad como virtud (de nuevo, Aristóteles). No estamos solos, necesitamos almas gemelas. Uno está vivo siempre que le recuerden.

Hay esperanza con pensadoras de este calibre, que reivindican con lucidez la buena política, la auténtica, la de los hechos; la humildad para seguir aprendiendo constantemente desde la humanidad; la sana ambición con el deseo equilibrado; la amistad profunda y generosa que construye una vida. Gracias, Carmen, Imelda, Isabel, Rosa por lo que nos hacéis pensar y sentir.

De Cristina, ‘El viaje’. “No sé si he hecho bien, pero cuando te miro a los ojos/ El mundo parece más grande y yo puedo volar”

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